1990 Excursión al Pico Curavacas

1.990 Excursión al Pico Curavacas

 

1.990 Excursión al Pico Curavacas (2.520 metros)

Burgos (Alpino). La plácida lectura de la Historia del Montañismo Palentino en las vacaciones despertó en mi la vieja ilusión de atravesar el Valle de Pineda, surcado por el nacimiento del río Carrión y acceder así al legendario Pozo de Curavacas.

Enterado del propósito de Vicente Lagunilla, delegado de la Federación de Montañismo en Palencia de ascender al pico Curavacas con Alejandro Díez Riol, escritor del mencionado libro, les sugerí acompañarles abordando la montaña por la vertiente Norte, casi desconocida para mí, pese a las casi 20 ascensiones a dicha cumbre en invierno y verano.

Con tal motivo salíamos el sábado por la tarde en viaje hasta Cervera de Pisuerga y de allí, por la carretera de los pantanos, llegamos a acampar al bucólico pueblo de Vidrieros, donde finaliza la carretera asfaltada.

El domingo amanece un poco fresco y cubierto de brumas, lo que nos hace dudar en algún momento de alcanzar nuestro objetivo.

Aprovechando la gran ventaja que nos reporta el vehículo «todo terreno» de Tente, efectuamos la aproximación de veintiún Kilómetros de tortuosa pista, que nos deposita cerca del Pozo de Curavacas (1800 m.). Cabe destacar, la forma física de mi paisano Lorenzo Bernabé, que hace el acercamiento a golpe de pedal en una bicicleta de montaña.

El recorrido en el que vadeamos varias veces el río, resulta apasionante por la belleza del paisaje y el conocimiento de términos tan hermosos como: Puente Pucherín, Santa Marina, Vega de Corre Caballos, El Estrecho, Vega los Cantos, etc.

Preparadas las mochilas, iniciamos los cuatro la ascensión hacia la Hoya Superior procurando buscar las llambrias de roca o pendientes de hierba que nos eviten la ingrata pedrera.
Al cabo de un rato vemos un numeroso rebaño de cabras, la mayoría de ellas sesteando y entre las que destaca un barbudo carnero, que a fuer de su aspecto, tiene que ser el patriarca de la manada.
Hacemos una parada para comentar la situación de las vías de escalada abiertas hace años en la Cara N.O. del Pico Principal y nos dirigimos hacia la izquierda en busca de la Senda del Notario, itinerario que inauguraba en agosto de 1947 Luis García Guinea.

Cuando estamos casi encumbrando surgen de la cima unas siluetas humanas que resultan ser dos famosos veteranos asturianos, Juan Delgado y Juan Torio. El primero de ellos es el autor de la guía Ubiña Alta Montaña y de la maravillosa monografía de la Torre Santa de Castilla.

La remontada ha sido completa, pues Alejandro, que desde abajo viene observando el terreno en busca de una variedad rara de flora alpina para su obra sobre botánica, da con ella a la cota de 2.450 metros cuando ya no lo esperaba.

Tras reponer fuerzas, emprendemos el descenso por trazado diferente al de subida. Bajamos hasta la meseta inclinada que nos separa del Pico Medio y desde la brecha del Portillo flanqueamos la Cumbre Oeste del macizo, por una cornisa orientada al Sur que nos lleva al Collado de la Curruquilla (2.290 metros).
Procurando eludir los canchales de roca suelta y después de cinco horas y media de andadura, arribamos al atractivo Lago de Curavacas en el que nos esperan nuestras familias.

Todavía tenemos tiempo de zambullirnos en sus frescas y cristalinas aguas, así como de navegar por el mismo en una piragua que hemos llevado.

Al caer la tarde abandonamos este bonito lugar que nos ha deparado unas intensas vivencias, en la confianza de revivirlas proyectadas gracias a la filmación de video, que nos hicieron estos excelentes amigos palentinos: Alejandro y Tente.

Una última mirada a las Escaleras, que son unas gradas repletas de pequeñas cascadas de agua proveniente de los desaguaderos del pozo, y enfilamos el valle para al pasar bajo la majestuosa pared N.E. de Curavacas hacerla una fotografía.

CARLOS SAINZ VARONA

 

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1.990 Excursión al Pico Curavacas

 

1.990 Excursión al Pico Curavacas (2.520 metros)

Burgos (Alpino). La plácida lectura de la Historia del Montañismo Palentino en las vacaciones despertó en mi la vieja ilusión de atravesar el Valle de Pineda, surcado por el nacimiento del río Carrión y acceder así al legendario Pozo de Curavacas.

Enterado del propósito de Vicente Lagunilla, delegado de la Federación de Montañismo en Palencia de ascender al pico Curavacas con Alejandro Díez Riol, escritor del mencionado libro, les sugerí acompañarles abordando la montaña por la vertiente Norte, casi desconocida para mí, pese a las casi 20 ascensiones a dicha cumbre en invierno y verano.

Con tal motivo salíamos el sábado por la tarde en viaje hasta Cervera de Pisuerga y de allí, por la carretera de los pantanos, llegamos a acampar al bucólico pueblo de Vidrieros, donde finaliza la carretera asfaltada.

El domingo amanece un poco fresco y cubierto de brumas, lo que nos hace dudar en algún momento de alcanzar nuestro objetivo.

Aprovechando la gran ventaja que nos reporta el vehículo «todo terreno» de Tente, efectuamos la aproximación de veintiún Kilómetros de tortuosa pista, que nos deposita cerca del Pozo de Curavacas (1800 m.). Cabe destacar, la forma física de mi paisano Lorenzo Bernabé, que hace el acercamiento a golpe de pedal en una bicicleta de montaña.

El recorrido en el que vadeamos varias veces el río, resulta apasionante por la belleza del paisaje y el conocimiento de términos tan hermosos como: Puente Pucherín, Santa Marina, Vega de Corre Caballos, El Estrecho, Vega los Cantos, etc.

Preparadas las mochilas, iniciamos los cuatro la ascensión hacia la Hoya Superior procurando buscar las llambrias de roca o pendientes de hierba que nos eviten la ingrata pedrera.
Al cabo de un rato vemos un numeroso rebaño de cabras, la mayoría de ellas sesteando y entre las que destaca un barbudo carnero, que a fuer de su aspecto, tiene que ser el patriarca de la manada.
Hacemos una parada para comentar la situación de las vías de escalada abiertas hace años en la Cara N.O. del Pico Principal y nos dirigimos hacia la izquierda en busca de la Senda del Notario, itinerario que inauguraba en agosto de 1947 Luis García Guinea.

Cuando estamos casi encumbrando surgen de la cima unas siluetas humanas que resultan ser dos famosos veteranos asturianos, Juan Delgado y Juan Torio. El primero de ellos es el autor de la guía Ubiña Alta Montaña y de la maravillosa monografía de la Torre Santa de Castilla.

La remontada ha sido completa, pues Alejandro, que desde abajo viene observando el terreno en busca de una variedad rara de flora alpina para su obra sobre botánica, da con ella a la cota de 2.450 metros cuando ya no lo esperaba.

Tras reponer fuerzas, emprendemos el descenso por trazado diferente al de subida. Bajamos hasta la meseta inclinada que nos separa del Pico Medio y desde la brecha del Portillo flanqueamos la Cumbre Oeste del macizo, por una cornisa orientada al Sur que nos lleva al Collado de la Curruquilla (2.290 metros).
Procurando eludir los canchales de roca suelta y después de cinco horas y media de andadura, arribamos al atractivo Lago de Curavacas en el que nos esperan nuestras familias.

Todavía tenemos tiempo de zambullirnos en sus frescas y cristalinas aguas, así como de navegar por el mismo en una piragua que hemos llevado.

Al caer la tarde abandonamos este bonito lugar que nos ha deparado unas intensas vivencias, en la confianza de revivirlas proyectadas gracias a la filmación de video, que nos hicieron estos excelentes amigos palentinos: Alejandro y Tente.

Una última mirada a las Escaleras, que son unas gradas repletas de pequeñas cascadas de agua proveniente de los desaguaderos del pozo, y enfilamos el valle para al pasar bajo la majestuosa pared N.E. de Curavacas hacerla una fotografía.

CARLOS SAINZ VARONA

 

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Enterado del propósito de Vicente Lagunilla, delegado de la Federación de Montañismo en Palencia de ascender al pico Curavacas con Alejandro Díez Riol, escritor del mencionado libro, les sugerí acompañarles abordando la montaña por la vertiente Norte, casi desconocida para mí, pese a las casi 20 ascensiones a dicha cumbre en invierno y verano.

Con tal motivo salíamos el sábado por la tarde en viaje hasta Cervera de Pisuerga y de allí, por la carretera de los pantanos, llegamos a acampar al bucólico pueblo de Vidrieros, donde finaliza la carretera asfaltada.

El domingo amanece un poco fresco y cubierto de brumas, lo que nos hace dudar en algún momento de alcanzar nuestro objetivo.

Aprovechando la gran ventaja que nos reporta el vehículo «todo terreno» de Tente, efectuamos la aproximación de veintiún Kilómetros de tortuosa pista, que nos deposita cerca del Pozo de Curavacas (1800 m.). Cabe destacar, la forma física de mi paisano Lorenzo Bernabé, que hace el acercamiento a golpe de pedal en una bicicleta de montaña.

El recorrido en el que vadeamos varias veces el río, resulta apasionante por la belleza del paisaje y el conocimiento de términos tan hermosos como: Puente Pucherín, Santa Marina, Vega de Corre Caballos, El Estrecho, Vega los Cantos, etc.

Preparadas las mochilas, iniciamos los cuatro la ascensión hacia la Hoya Superior procurando buscar las llambrias de roca o pendientes de hierba que nos eviten la ingrata pedrera.
Al cabo de un rato vemos un numeroso rebaño de cabras, la mayoría de ellas sesteando y entre las que destaca un barbudo carnero, que a fuer de su aspecto, tiene que ser el patriarca de la manada.
Hacemos una parada para comentar la situación de las vías de escalada abiertas hace años en la Cara N.O. del Pico Principal y nos dirigimos hacia la izquierda en busca de la Senda del Notario, itinerario que inauguraba en agosto de 1947 Luis García Guinea.

Cuando estamos casi encumbrando surgen de la cima unas siluetas humanas que resultan ser dos famosos veteranos asturianos, Juan Delgado y Juan Torio. El primero de ellos es el autor de la guía Ubiña Alta Montaña y de la maravillosa monografía de la Torre Santa de Castilla.

La remontada ha sido completa, pues Alejandro, que desde abajo viene observando el terreno en busca de una variedad rara de flora alpina para su obra sobre botánica, da con ella a la cota de 2.450 metros cuando ya no lo esperaba.

Tras reponer fuerzas, emprendemos el descenso por trazado diferente al de subida. Bajamos hasta la meseta inclinada que nos separa del Pico Medio y desde la brecha del Portillo flanqueamos la Cumbre Oeste del macizo, por una cornisa orientada al Sur que nos lleva al Collado de la Curruquilla (2.290 metros).
Procurando eludir los canchales de roca suelta y después de cinco horas y media de andadura, arribamos al atractivo Lago de Curavacas en el que nos esperan nuestras familias.

Todavía tenemos tiempo de zambullirnos en sus frescas y cristalinas aguas, así como de navegar por el mismo en una piragua que hemos llevado.

Al caer la tarde abandonamos este bonito lugar que nos ha deparado unas intensas vivencias, en la confianza de revivirlas proyectadas gracias a la filmación de video, que nos hicieron estos excelentes amigos palentinos: Alejandro y Tente.

Una última mirada a las Escaleras, que son unas gradas repletas de pequeñas cascadas de agua proveniente de los desaguaderos del pozo, y enfilamos el valle para al pasar bajo la majestuosa pared N.E. de Curavacas hacerla una fotografía.

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Con tal motivo salíamos el sábado por la tarde en viaje hasta Cervera de Pisuerga y de allí, por la carretera de los pantanos, llegamos a acampar al bucólico pueblo de Vidrieros, donde finaliza la carretera asfaltada.

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Cuando estamos casi encumbrando surgen de la cima unas siluetas humanas que resultan ser dos famosos veteranos asturianos, Juan Delgado y Juan Torio. El primero de ellos es el autor de la guía Ubiña Alta Montaña y de la maravillosa monografía de la Torre Santa de Castilla.

La remontada ha sido completa, pues Alejandro, que desde abajo viene observando el terreno en busca de una variedad rara de flora alpina para su obra sobre botánica, da con ella a la cota de 2.450 metros cuando ya no lo esperaba.

Tras reponer fuerzas, emprendemos el descenso por trazado diferente al de subida. Bajamos hasta la meseta inclinada que nos separa del Pico Medio y desde la brecha del Portillo flanqueamos la Cumbre Oeste del macizo, por una cornisa orientada al Sur que nos lleva al Collado de la Curruquilla (2.290 metros).
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