Aventuras de Juan e Iñaky

Juan Maestro

Palentino, aficionado a la fotografía de viajes y de naturaleza, y a la montaña.

He realizado viajes por 25 países de 4 continentes.

Colaborador de la revista Naturaleza Salvaje a través de la fotografía. Participante en II, III y IV Simposium Internacional de Fotografía de Naturaleza de Vilareal así como en las jornadas de Montaña de Palencia.

¿Qué es EL SONOCHO ?

SONOCHO, es una palabra palentina que se utilizaba en nuestros pueblos, cuando un grupo de vecinos se reunía al ponerse el sol finalizadas las tareas cotidianas. Aprovechaban este momento tan especial del día, para contar sus historias y poner en común sus experiencias. Así conseguían en un ambiente relajado e informal, hacer más agradables las duras jornadas invernales.

Queremos empezar nuestra andadura, con una clara intención: recuperar esta costumbre tan palentina y buscar de alguna forma esos momentos tan personales. Para ello ponemos en común nuestras vivencias más especiales, nuestras experiencias más personales, nuestros rincones más significativos…

Cada mes propondremos un lugar, una montaña, un pueblo o unas gentes, algo o alguien que nos haya brindado una sensación, un pensamiento o sencillamente una experiencia y que pondremos en común en esta sección:

EL SONOCHO.

Iñaki Villán

Palentino de nacimiento y miembro del Club Espigüete.

Aficionado a la montaña y a la fotografía visitando cordilleras como Alpes, Andes, Himalaya, desiertos, alguna que otra selva y zona polar.

Participante en las jornadas de Montaña de Palencia desde su inicio.

Hemos participado en exposiciones fotográficas sobre temas de naturaleza y montaña y presentado diferentes audiovisuales de montaña, entre los que destacamos: Las Montañas de Alá (Karakorum. Pakistán), Ascensión al Pico Lenin (Kirgüizistán), Islandia 66º 45´Latitud Norte, País Bassari: Aldeas Bedik (Senegal)

Para cualquier consulta, nuestros correos son:

ignacio.villan@renault.com

juandepalencia@hotmail.com

Concordia – Karakorum – Pakistán

“La mayor concentración de altas montañas del planeta”

 

Diría de Concordia, que es unos de los puntos geográficos con más personalidad en el mundo de la montaña. Nacimiento del glaciar Baltoro y lugar de confluencia de grandes países como Pakistán, China e India, que aquí unen sus fronteras.

Es requisito indispensable al llegar a Concordia, mirar hacia arriba, y dar una vuelta de 360º para observar todo lo que se encuentra a tu alrededor, la concentración mayor de gigantes por encima de los 8000 m. El paisaje allí no tiene fallos, como si hubiese sido creado artificialmente y colocado en lugar estratégico por la mano del hombre.

Alejado de todo y de todos, durante un corto periodo de tiempo, sólo un pocos meses, se despierta de su letargo invernal aquí mas largo de lo normal, y deja que la gente se adentre en él.

Llegar hasta allí no es fácil, se requiere de una mezcla entre la preparación del viaje,entrenamiento físico y sacrificio típico de montaña.Todo lo demás: aventura incertidumbre, e improvisación, lo pone el lugar, y es bien seguro que el que hasta allí se acerque, un buena dosis no le va ha faltar.

Recuerdo Concordia como un lugar frio y solitario, con dimensiones fuera del alcance humano y un silencio especial, que solo a veces rompe, el sonido del viento o la caída de nieve, hielo y piedras producto de las frecuentes avalanchas.

Bajo la sombra que proyecta hacia el final del valle, el Gasherbrum IV acampamos, y al caer la noche cuando la luz de la luna llena hace que la vista sea mas clara, pudimos contemplar toda la espectacularidad de este lugar.

El genuino K2, la montaña de las montañas, Hidden peak, Gasherbrum II, Broad Peak,Matra Peak, Masherbrum, Chogolisa, Torre de Mustangs y algún otro más de los que la memoria ya me hace olvidar.

Son algunos de los habitantes del Karakorum que en Concordia se dan cita, como de la plaza de un pueblo se tratase.

Concordia es sin lugar a dudas el corazón del glaciar Baltoro y el protagonista indiscutible del Karakorum.

Ocho días de largas jornadas caminado, 4 de ellos sobre terreno árido, cruzando ríos procedentes del deshielo y desprendimientos de tierra y 4 restantes sobre glaciar, son lo que separan este lugar de la ultima población habitada.

Pero todo tiene su recompensa y aquí más que en ningún otro sitio, esta garantizada.

Porque una vez llegado a Concordia, el montañero disfrutará gratamente de uno de esos lugares únicos de la gran cordillera del Himalaya.

Ficha Técnica

Altura: 5.000 m .

Situación: Pakistán

Ubicación: karakorum (Baltistán)

Punto de unión física de tres glaciares: Vigne, Goldwin Austin y Baltoro.

Unión geográfica de tres países: India, China y Pakistán…

Bendik-Senegal

“En el corazón del cayuco”

… un momento especial se presenta siempre sin avisar, por sorpresa…

Caminamos por el interior de Senegal, por el llamado País Bassari, muy cerca de las aldeas pobladas por la etnia Bedik. Este grupo étnico se caracteriza por su inaccesibilidad lo que le ha permitido conservar intactas sus tradiciones y una forma de vida milenaria.

Nuestro camino se adentra en su territorio y atravesamos sus campos de cultivo. Éstos son trabajados manualmente desde tiempos inmemoriales y son principalmente las mujeres, con sus niños a la espalda, las que cargan con el peso de este duro trabajo tan poco productivo en estas adversas condiciones.

Envueltos en este ambiente de sudor, colorido y sonidos africanos avanzamos en busca de una aldea, situada en el punto más alto del lugar.

 

De repente, silencio, todo parece detenerse y una atmósfera extraña se apodera del entorno. Algo importante va a suceder.

Un murmullo, procedente del vecino bosque se aproxima y se convierte en una monótona letanía que se adueña de todo. Un personaje alto sin rostro y cubierto por un tocado vegetal con conchas atadas en los tobillos, aparece danzando a un ritmo lento y cadencioso como el paso del tiempo.

Cuatro jóvenes ayudantes, casi niños, le rodean se les nota orgullosos de su misión. Son los aprendices de una tradición anclada en el principio de los tiempos, su transmisión depende de ellos.

Los campesinos inmóviles siguen con la mirada al especialmente oscuro hombre. Éste se aproxima a ellos y ajeno a todos, lleva a cabo la ceremonia de bendición de la cosecha.

 

Una vez finalizada su espiritual labor, los trabajadores reanudan sus quehaceres con un gran respeto.

Hasta los recién nacidos que llevan a sus espaldas parecen comprender la importancia del momento y guardan silencio.

El chamán continúa con su danza y con sus llamadas a las fuerzas sobrenaturales que fertilizarán los campos. Del éxito de su intento, depende que la triste cosecha que ahora siembran prospere.

El rito continua hasta que considera la misión terminada, el hombre desaparece tras la espesura del bosque, acompañado procesionalmente por sus jóvenes ayudantes, la letanía se aleja y acaba desapareciendo.

Los sonidos habituales reaparecen de nuevo, todo vuelve a la normalidad. Nosotros nos miramos para confirmar la realidad del singular momento del que hemos sido testigos.

Continuamos nuestro camino y cuando pasamos al lado de los campesinos adivinamos un destello de esperanza en sus miradas…

Ahora, la cosecha cuenta con el beneplácito de las fuerzas de la naturaleza y quizás este año habrá grano para toda la familia y no pasarán hambre.

Es su última oportunidad…

Ficha técnica

Nombre oficial: República de Senegal. Capital: Dakar.

Superficie: 196.722 Km2.

Población: 10.284.929 hab

Densidad: 52 hab/km2

Composición de la población :

Wolof 44%, Fulani y Tukulor 24%, Serer 15%, Diola 5%, Manlinka 4%, Otros 8% (entre ellos los Bassari).

Alpamayo – Los Andes – Perú

“La montaña más bella del mundo”

Quizá, a mi parecer, las montañas de los Andes se encuentran un tanto eclipsadas por el poderío sublime de otras más altas, las del Himalaya.

Pero ante los ojos de cualquier montañero, alpinista, o persona que por el mero placer de contemplar, se aventure a adentrarse en sus laberínticos valles, éstas no van a defraudar.

Os voy a hablar de una ellas, que precisamente habita en los Andes, y en la que hace unos años tuvimos oportunidad de vivir ciertas experiencias. Es en la Cordillera Blanca donde exactamente el Alpamayo se esconde, y digo se esconde, puesto que como cualquier persona vergonzosa, se esconde de vistas ajenas y sólo por la ruta normal de paso: la quebrada de Santa Cruz, muestra una de sus caras y no es precisamente la que todo el mundo pretende encontrar.

Se necesita de una gran dosis de ganas para ver el Alpamayo en su máxima expresión; con todo lo que ello conlleva, resistencia física, un buen entrenamiento previo, y una cierta experiencia en montaña, añadámosle, lo que nunca puede faltar y es una buena adaptación a la altura.

Altura que tendremos que ganar, para superar un collado de unos 5.200 m que nos llevara a un pequeño “plató” donde se sitúa el campo I.

Es en este lugar donde con suerte y si los rigores del clima de zona, cercano al océano Pacifico que en los Andes toma gran protagonismo, permiten se descubrirá en su totalidad ante nosotros.

Aquí ya no se escapa a las miradas, situándose en un lugar de esos, donde sólo habitan montañas y las personas son meros nómadas con el tiempo de regreso contado.

Lástima que como casi siempre en montaña y dicho desde la experiencia de un alpinista humilde, gracias a la altura, no se disfrute como uno siempre quisiera. En fin, todos sabemos que es parte del juego.

A modo anecdótico, de lo que sí estoy seguro es que la belleza del Alpamayo asombra hasta tal punto, de que ya fue declarada como la montaña mas fotogénica del mundo.

Como un montón de merengue o nata de dimensiones justas, ni pequeñas ni desproporcionadas, con forma irregular, y surcada de inicio a fin por corredores bien marcados, como arrugas en la piel, hace que sea una montaña de las que a uno le parece poder y querer tocar con las manos, para mas tarde guardar en tu mochila.

Nosotros, lo que pudimos llevarnos del Alpamayo fueron una serie de fotos, que siempre formarán parte de nuestras favoritas.

Así es como yo, describo al Alpamayo.

Una montaña, a la que solo cabe reprochar el poder estar mas accesible a las vistas de todo aquel que quiera disfrutar de ella, y compartir con todos un poquito más, su belleza.

Ficha Técnica

Altura: 5.947 m

Primera ascensión: 1.957. [G. Hauser, B. Huhn, F. Knauss y H. Wiedmann.]

Sector: Grupo Santa Cruz, Area Quitaraju.

Posición Geográfica: Latitud: 8° 56′ 0” S Longitud: 77° 42′ 0” O

Fue nombrada “la montaña más bella del mundo” por la UNESCO en 1.966.

En los Campo Base

“En el Campo Base “

Campo base del K2 (Pakistán)

Cuando comienzas la preparación de una expedición, una vez marcado el objetivo todo tiene un punto de referencia: el campo base.

Campo base Pico Lenin (Kirguizistán)

Las jornadas se organizan respecto a este punto clave. Si el mal tiempo cambia se convierte en el centro de la espera. Los víveres, tiendas y demás infraestructura, se eligen de acuerdo a la dificultad de llegar al deseado campo base.

Parece que sólo cuando llegas a él empieza la expedición. Sin embargo, el campo base es algo más que el punto de partida de la aventura, es el punto de llegada después del éxito o de la retirada, después de la suerte o de la decepción.

Regresar días más tarde es siempre motivo de satisfacción, pero es en ese momento de necesidad cuando se plantea su importancia.

Campo base del Alpamayo (Perú)

Regresas cansado, con las fuerzas justas y el organismo al límite de su resistencia. La altura y el excesivo esfuerzo durante la ascensión han pasado factura y la fatiga es la dueña de tu cuerpo.

Es ahora el momento, en que de nuevo alcanzas el punto de partida, cuando te relajas y disfrutas de la montaña de otra manera, sin presiones. Cuando recuperas las fuerzas paulatinamente y todo a tu alrededor recobra una belleza, que quedaba parcialmente oculta por el ansia de conquista de la cima.

Y es en el campo base, donde encuentras de nuevo ese calor casi hogareño, esas palabras de aliento de los compañeros de expedición que tantas ganas tenías de ver, esos nutrientes que vuelven a saber a comida y esa tranquilidad segura que tanto has echado de menos en el mano a mano con la montaña.

Campo base del Broad Peak (Pakistán)

Pasan los días y plenamente recuperado paseas disfrutando de un entorno; a veces de las gentes del país que pasan por ellos, intercambiando opiniones y explicando su ancestral forma de vida.

Ahora y después del esfuerzo es cuando apreciamos en toda su dimensión, hasta de los más pequeños detalles: esas pequeñas florecillas que antes pasaron desapercibidas, esos sonidos del amanecer que antes no daba tiempo a disfrutar, esas luces que nacen de la noche y llenan todo el paisaje…

Tienes que regresar a casa, has incorporado nuevas experiencias algunas de ellas muy personales y cuando vuelves la vista atrás para despedirte de tu sueño, el campo base vuelve a ser el punto de partida.

O no, ya no es un punto, es algo más, es el espacio donde has disfrutado verdaderamente del sabor de la aventura.

ALGUNAS DE LAS IMÁGENES QUE NOS HAN BRINDADO…

Desde el c.b. del Pico Lenin

Desde el c.b. del Alpamayo

Desde el c.b. del Broad Peak

Cordillera los Andes – Amazonía

“Va, para aquellos lugares que no figuran en el mapa”

Una de las experiencias mas agradables que he tenido la oportunidad de vivir, es la de poder realizar el paso geográfico que une las altas cumbres de una gran Cordillera, junto con una de las selva mas importantes y extensas.

La Cordillera de la que hablo son los Andes y la selva nada mas y menos, que la inmensidad de la amazonía.
Allí donde termina una y comienza otra, existe un nexo de unión, donde existe un espacio que no figura para nadie, y del que casi nunca se habla, puesto que parece no guardar ninguna identidad propia, pero para cualquier viajero que se precie visitar esa zona es una experiencia gratamente satisfactoria.

TODO EMPIEZA, DONDE UNO ACABA

Recuerdo que al caer la noche sobre Cuzco obliga casi siempre al visitante y lugareño, hacerse con sus ropas de abrigo, puesto que las noches en Cuzco (Perú) son frías, y como pasa en nuestra querida Castilla, la manta para dormir en el irremediable invierno, es un complemento indispensable.

Pero a una escala de espacios, que solo son comunes allá, se encuentran los límites de la Amazonía, y la cosa es bien distinta, y al contrario de la sierra el dormir tapado, allí se convierte en imposible.

Pero no adelantemos acontecimientos, puesto que es de este espacio y sus paisajes del que quiero hablar. Para situarnos nos desplazaremos de Cuzco capital de imperio Inca dirección Pilcopata población de selva a orillas del río Madre de Dios, afluente directo del amazonas.

Ruinas de Sachsaywaman

Se empieza visitando las ultimas ruinas Incas que salen a nuestro encuentro, si el tiempo lo permite, es posible divisar grandes montañas como son el Ausangate o Salcantay, esta ultima, montaña sagrada para los antiguos Incas junto con otro montón de ellas, que la lejanía no deja diferenciar con exactitud.

Subidas y bajadas por caminos de tierra en los que nuestro vehículo va levantado una tremenda polvareda que kilómetros antes es posible divisar, avisando de nuestra inmediata visita o paso por la zona, de repente nuestro ritmo se para. Un rebaño de llamas atraviesa el camino y poco después un par de niños dirigen hacia el poblado de valle abajo, con una inmensa sonrisa nos saludan y nosotros correspondemos con varios pitidos desde nuestro auto.

Vamos viendo como las montañas nevadas se hacen cada vez mas pequeñas, hasta casi fundirse con el horizonte, y aparecen multitud de pequeñas aldeas, humildes, sin tan siquiera luz eléctrica ni cualquier mínimo de comodidad occidental que se le parezca, únicamente la riqueza de sus niños, con la cara curtida por el viento reinante en la zona.

Pero llega el momento y el camino se torna en bajada y es la primera vez que en el horizonte no se divisa más que nubes algunas bajas pero otras parecen querer subir hasta el mismo cielo, es el gran momento el momento de hacer un alto y contemplar el horizonte pensado en silencio y cada uno sacando sus propias conclusiones.

Si, eso es la inmensidad del Amazonas, ante nuestras narices, que se extiende hasta el otro lado del continente buscando el Océano Atlántico.

¡Que gran suerte tenemos por vivir en un planeta tan bello como este!

EL OTRO COMIENZA

Dos días de larga y penosa conducción, hasta conseguir que la carretera deje de tomar sentido de bajada, los precipicios en caminos serpenteantes dejan paso a bosques nublados de aspecto siniestro, con vegetación única de estas alturas y latitudes.

Empezamos a sentir la humedad en el ambiente y la ropa de abrigo empieza a sobrar Aquí los inexpugnables Andes tienen freno, y la selva empieza a dominarlo todo, al hacer este cambio de terreno paisaje y altura hace que las características propias se dejen sentir y en especial, el sentir el como la selva respira, que tiene vida propia.

Y una vez las nubes comienzan a retirarse, esta deja paso a la vista, ya todo es verde, extraños sonidos empiezan a dejarse sentir y el vuelo de las aves de aquí para allá nos recuerda a una jornada de trajín diario en una gran ciudad.

Desconocido y hostil en principio para nosotros, pero gratificante y acogedor con el paso del tiempo, únicamente agradecer que todavía el ataque de diario de mosquitos queda un poco mas lejos, allá en las cercanías del Madre de Dios.

Volvemos a sacar humo a nuestras cámaras, y ya mas abajo entre plantaciones de coca y sus cultivadores, empezamos a alcanzar las primeras poblaciones típicas de selva.

Aquí las ropas de la gente son otras, ósea mínimas, y los rasgos en sus caras cambian, quizás de aspecto más agradable, quizás también, por lo agradable de su clima y la facilidad de la vida en diferencia con las gentes del altiplano.

Recuerdo como las gentes de la cordillera, gustaban de presumir, como los pobladores de abajo, de la selva se ponían malos a recibir su visita, ellos lo llaman Soroche nosotros Mal de altura.

Y por fin Pilcopata, la pequeña aldea del pequeño reino cercano a Manú, trozo de selva respetada aun hoy por la mano de hombre, y reconocida por la UNESCO. Aquí mediante el único medio de transporte que funciona que son las barcas, ya por el rió Madre de Dios, que un poco mas abajo al entrar en Brasil toma el nombre de Maderia, tuve la oportunidad de tener ni primer contacto con la selva.

Contacto que tengo grabado en mi retina y del que guardo un gran recuerdo, pero bueno eso será otra historia, de la que también hay mucho que contar, pero por el momento me despido, como dije al principio, iba a contar esa parte que no figura en los mapas y que como otros muchos sitios, guardan grandes sorpresas.

Texto: Iñaki Villán

Rostros

“La otra cara de la aventura… “

Niños kyrguizs

Los rostros son siempre expresivos, muestran algo más que una imagen. Transmiten algo interior, una sensación, un sentimiento, una actitud o incluso una opinión. Los rostros reflejan las miradas en ocasiones duras y frías y en otras dulces, pero de una manera u otra siempre son curiosas.

Hay rostros sin edad, rostros marcados por las líneas del tiempo, rostros singulares y rostros familiares, rostros sorprendidos y rostros sorprendentes. Cada raza, cada grupo social, incluso me atrevería a decir que cada clase tiene en su rostro algo característico y a la vez algo común.

Futuro pescador islandés

Cuando evocas un momento singular, un paisaje especial, la majestuosidad de una montaña o el ambiente de un bosque nublado, lleva asociada la imagen de un rostro, de su expresión, de una sonrisa o de un gesto, de un guiño de complicidad o de una simple mirada curiosa. Por encima de la insuperable belleza inanimada, surge la condición humana, la vida; que hace de viajar la aventura más grande que uno pueda soñar.

Esos rostros reflejan de manera única, la adaptación al entorno muchas veces hostil, la superación de las condiciones impuestas por el clima, por las situaciones sociales y políticas del momento. Esas miradas te demuestran como las relaciones humanas prevalecen sobre todo lo demás y aunque suene tópico ver como la sonrisa de un hijo llena de felicidad a su madre y a todos los que le rodeamos en ese instante. Como el duro trabajo es a veces recompensado por la camaradería de los compañeros. Como de alguna manera la felicidad hace justicia y aparece aunque sea por breves instantes en los rostros de los que padecen condiciones extremas, ofreciendo esa belleza única que no da el poder ni la riqueza.

Pakistaníes comiendo un helado…

Suelen ser los niños con su innata espontaneidad los que se acercan curiosos y basta devolver parte de esa expresión inocente, con un simple gesto como una sonrisa, para que su rostro infantil se ilumine. Igualmente basta participar en una escena cotidiana de otra cultura, mostrando nuestras torpes maneras en labores que nos son ajenas, para que se establezca una complicidad reflejada en esos rostros que sonríen tímidamente.

Porteador Baltí de vuelta a casa.

Recuerdo con agrado el rostro serio y arrugado de un anciano kirguiz que se acercó curioso a nuestro campamento con una dignidad que daba idea de su alto rango.

Al principio nuestra reacción fue de sorpresa, debido a su vestimenta característica y su habla totalmente ininteligible para nosotros. Hubo una pequeña presentación o eso nos pareció, a lo que siguió un saludo con el clásico apretón de manos. Mientras todo esto sucedía, el anciano señaló al Pico Lenin con gesto interrogante. Nosotros asentimos.

Transcurrió un breve instante en el que el anciano mantuvo la mirada perdida en la montaña, su rostro se tensionó y sus arrugas aparecieron más marcadas. todo en unas décimas de segundo.

Anciano kirguiz en el campo base del Pico Lenin

Durante este corto intervalo de tiempo, probablemente pasaron por su mente imágenes del pasado. Todo ello se reflejó en ese rostro tan lleno de paz y de años y que supo transmitirnos la esencia de la montaña. Esta cordillera era mucho más que un acumulo de rocas de dimensiones colosales. Era el eje sobre el que había girado su cultura durante generaciones y como tal merecía ser respetado.

En la selva amazónica peruana hubo otro momento protagonizado por un rostro.

 

Nos dirigíamos por una trocha a un poblado Machiguenga acompañados de la gente del lugar, entre ellos destacaba una inquieta muchacha. A cada momento se adelantaba o retrocedía, agarraba tal o cual hoja y se mostraba orgullosa de mostrar su territorio a unos forasteros de aspecto extraño.

De repente, se agachó a por un palo y con él capturó un insecto de tamaño más que apreciable. Nosotros temerosos, pero sobre todo curiosos la rodeamos y preguntamos por él.

Ella nos hizo entender que una simple picadura suya, nos dejaría al menos tres días en cama inconscientes. Instintivamente retrocedimos y su cara se iluminó con una pícara sonrisa. Tenía una expresión peculiar donde se mezclaba orgullo y ese dominio de ese medio tan hostil y desconocido para nosotros: la selva.

Otro rostro que nos marcó fue el de un niño africano que habitaba en la aldea de Ibel, en el País Bassari senegalés.

Niño senegalés

 

El poblado estaba lleno de chiguitos, a pesar de lo cual destacaba uno solitario y con la mirada ausente. En su cuello y a modo de pesados collares llevaba unos llamativos adornos. Esto atrajo nuestra atención y preguntamos por él. Nos informaron que lo que nosotros llamábamos collares, eran los “cri-cri”, es decir amuletos necesarios para espantar a los malos espíritus. Quizás su verdadero mal era la pobreza y la superstición y por ambas estaba marcado.

Él parecía saberlo cuando abandonamos Ibel y en la lejanía nos seguía con su resignada mirada de niño adulto.

Son muchos los momentos, muchas las sensaciones marcadas por un fugaz instante en que unos rostros entablan una comunicación personal, donde el idioma es muchas veces innecesario..

Desiertos del Mundo

“EL PARAÍSO DEL SOL “
Amanece en el desierto del Sáhara.

 

Hoy muchos medios de comunicación abren con el cambio climático como portada. Parecen olvidar que desde hace más de 20 años, algunos grupos sociales vienen vaticinando lo que hoy venden como rabiosa y ya irreversible actualidad.

Uno de los signos más destacados de este cambio es la variación en algunos casos muy brusca, del ciclo del agua. Su consecuencia más inmediata es el progresivo crecimiento de la desertización. Si no se remedia de manera urgente, paisajes que hoy nos parecen lejanos, estarán mucho más próximos de los que creemos.

Desierto de Atacama (Chile)

Tradicionalmente el término desierto se refiere a una zona cuya precipitación media anual es inferior a 250 mm y donde, en la mayoría de los casos, la evaporación excede a la precipitación como resultado de una temperatura media alta. Temperatura que puede alcanzar durante el día los 55ºC y bajar a 0ºC durante la noche.

A lo largo de nuestros viajes hemos tenido contacto con estos inmensos lugares de serena belleza y que nunca pasan desapercibidos.

Representante de la vida vegetal en el desierto de Atacama (Chile)

Fue en el desierto de Atacama, rumbo a la pequeña ciudad de Arica en el norte chileno, cuando una sensación de inmensidad y de vacío se adueñó de nosotros. El desierto de Atacama es una de las zonas más secas y con menor vegetación del planeta.

Atravesamos una pequeña parte del mismo, en un pequeño y viejo tren que salía de la ciudad peruana de Tacna. Sentados junto a la ventanilla del atestado vagón y observando la solitaria vía semicubierta de arena, percibimos la hostilidad de un medio que esconde todo tipo de vida y donde queda claro que el hombre no es bien recibido

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Valle de la Muerte (USA)

En el mismo continente, más al norte conociendo los parques del oeste americano, atravesamos el Valle de la Muerte (Death Valley, U.S.A), otro gran desierto que desde siempre se mostró infranqueable, lo que desgraciadamente sirvió para dar su peculiar nombre.

Paramos para admirar su peculiar mundo de colores y no nos decepciona. Bajo la eterna luz de ese sol siempre presente, ofrecen un brillo especial, el paisaje muestra unos tonos únicos y enseña una paleta cromática que nos hace disfrutar de unas imágenes insuperables.

Colorido paisaje en Death Valley (USA)

Pero siempre en pequeñas dosis, pues una simple caminata de unos pocos kilómetros, suponen un gran esfuerzo a temperaturas que rondan los 50 ªC, cuesta respirar y lo peor es que el agua que llevamos está por supuesto a la misma temperatura y el ansiado momento de beber agua se torna desagradable.

Angustia pensar en las condiciones de trabajo de los mineros que explotaron algunos puntos de este valle.

Pero fue en el desierto más extenso del mundo con más de nueve millones de Km2, el Sahara, donde verdaderamente tomamos conciencia de las enormes dimensiones de un desierto, de la tragedia que supone para la vida la ausencia de agua y como la evolución de las especies tiene que emplearse a fondo, para conseguir tener presente algún representante en la inmensidad que supone un desierto.

Desierto del Sahara (Marruecos)

Desde la ciudad marroquí de Ouarzazate, nos desplazamos por caminos en la arena hasta erg Chebi.

Aquí las dunas son las dueñas del horizonte, la arena está omnipresente y parece que no tiene fin. Cuando amanece los colores dorados van poco a poco tomando posesión del paisaje, las formas que el viento modela son caprichosas y de una belleza insospechada. En las primeras horas del día se respira una calma contagiosa y la sensación de soledad se acentúa cuando salimos a caminar, antes de que el sol lo haga casi imposible.

De nuevo los paisajes que se nos ofrecen son indescriptibles…

Palmeral en el desierto del Sahara.

Son los desiertos, lugares que ofrecen una doble lectura.

Por un lado sus continuos cambios de luz, sus colores tan especiales, sus texturas caprichosas, su belleza inanimada que te invita a entrar en ellos.

Por otro, la hostilidad del clima, su desproporcionada extensión, su soledad, la ausencia de agua, su incompatibilidad con la vida, parecen dar un aviso…

… y quien avisa no es traidor.

Narrows: El rojizo cañon sin fin …

“NARROWS: el rojizo cañón sin fin. “

Cañones del Parque Nacional de Zion

 

Esta vez nos situamos en el estado de Utah (USA), para realizar una visita de varios días a unos de los múltiples Parques Nacionales que componen este estado: el Parque Nacional de Zion.

La verdad es que con anterioridad a su visita poco conocíamos de este parque, y casi a modo de oídas en algún comentario o leyendo otro poquito de algún artículo especializado, nos decidimos por realizar una parada en él. Visita de paso para llegar a otros más importantes, o que simplemente tienen más nombre.

Panorámica del parque

Pero simplemente con entrar en el estado de Utah, la perspectiva cambia para cualquiera de nosotros que residimos en la vieja península Ibérica. Nos llamó la atención su tierra roja, y la multitud de valles y cañones que desgarran las llanuras.
Zion es uno, entre todos esos cañones, que se encuadran en las tierras de Utah, y buena parte de Arizona. Pequeño pero justo, coqueto a la par que espectacular, y con gran cantidad de sorpresas para el visitante, desde el más cómodo, al más aventurero. En fin, visita muy recomendable si alguno se encuentra por aquellas bonitas tierras.
Describimos Zion más al detalle y como dije antes, no resulta ser excesivamente grande en comparación con otros próximos a él, puesto que es el resultado de la finalización de un cañón que se abre en su terminación, dejando paso a un espectacular valle con cantidad de paredes lisas de roca arenisca, otro tipo de material muy difícil encontrar en las formaciones geológicas de nuestro país, y todo esto siempre en tonos rojizos.

Otra bella imagen del coloso

Descubrimos el Narrows por casualidad, puesto que no teníamos ninguna referencia de él anteriormente, fue en una de nuestras por llamarlo de alguna forma, exploraciones del valle, y en verdad creo que es, el lugar más singular de los que se encuentran en él. Narrows es la salida de las aguas que encauzadas millas atrás alimentan el principal río del valle.

Al tercer día de nuestra estancia en Zion, decidimos adentrarnos en el Narrows después de deambular por arriba y abajo, subiendo y bajando, por barrancos y cortados, situados estratégicamente para conseguir esas vistas, y sentir por un momento el control de todo el horizonte. Quien sabe, quizás, como lo habrían hecho tiempo atrás los Indios Anasazi, primeros pobladores de aquellas tierras.

Varias veces habíamos llegado hasta un punto en el que el sendero acaba, y el cañón se estrecha, encajonando al río entre paredes verticales de arenisca roja, todo ello muy propicio para poner la mente e imaginación a funcionar, ¿de donde procede?, ¿hasta donde llega? o ¿Que hay mas allá de donde no se ve? Preguntas que rondan por la cabeza de cualquiera que llegue a un lugar tan singular con este, y que te atormentan si eres de espíritu aventurero, calmándose sólo cuando te metes en el propio asunto. Con una mirada cómplice y sin casi decir nada, inmediatamente nos arremangamos los pantalones y con nuestras botas al hombro decidimos realizar una inspección del cañón.

La sorpresa fue inmediata, después de caminar durante aproximadamente un par de horas el Narrows no daba sensación de agotamiento en su formas, se nos echaba la noche encima y era el momento de decidir una retirada, para volver al día siguiente con otro tipo de equipación, esta vez con calzado mas adecuado, otra ropa, algo de comida y muchas ganas de aventura. El objetivo llegar a su fin o hasta donde las dificultades técnicas infranqueables nos impidieran el paso.

Desde el Alpamayo

 

Amanece sobre Zion y el color rojizo se entorna aun mas pronunciado, siendo un día soleado nada puede fallar, esto nos anima mucho más. Ya en el punto de salida, las orillas del río a partir de este punto se convierten en paredes lisas, verticales y altas, tan altas que en alguno de sus puntos calculo que alcanzarán los 500m.

El día lo íbamos a pasar enteramente a remojo, andando sobre resbaladizos y dolorosos cantos de río, a la sombra agradecida del implacable sol de Utah.

Empezamos con una nueva sorpresa, una hembra de venado con sus crías busca la salida al cañón, nuestra dirección es contraria, con todo el respeto cada uno por su lado nos cruzamos, y aun recuerdo mi pensamiento que fue el siguiente, si nuestra presencia no les causa temor, una de dos, o están acostumbrados al hombre o la necesidad por salir de allí se convertía para ellos en una prioridad. La respuesta la conocimos mas tarde, no existen más salidas que la marcada por el propio curso del río.

Pensábamos que este cañón no llegaría muy lejos, pero desde nuestro comienzo bien temprano, un día entero nos llevo su recorrido hasta llegar a un punto, donde cansados ya de avanzar entre dos paredes de arenisca roja, decidimos emprender el regreso sin que todavía divisamos su fin, o algo que se le pareciese.

La puesta de sol es espectacular

 

En ciertos puntos sobre todo al principio, el agua puede llegar hasta más arriba de la cintura, pero poco a poco su profundidad va en retroceso; teniendo en cuenta que nuestra visita la realizamos en Agosto y es la época mas seca para aquellas zonas. A medida que doblamos las esquinas de sus callejones, se abría ante nosotros un escenario siempre distinto.

Caminar por debajo de los lugares más encastrados casi con forma de túnel, saca a la luz las cicatrices de la roca fruto de las riadas pasadas, y litros y litros de agua que escarban en la blanda arenisca, dejando a la vista huecos de tamaño desproporcionado.

Esto te recuerda que la previsión del tiempo aquí es muy importante, antes de realizar una incursión a cualquier cañón de la zona, una lluvia lejana, sin mayor trascendencia y que tan siquiera se tenga constancia de ella, puede provocar una crecida del río encauzándose y arrastrando todo lo que encuentra a su paso sin posibilidad de escape alguno para todo lo que se encuentra allí.

Al ir avanzando se ven grandes rocas que hay que ir superando, dando sensación de no llevar mucho tiempo allí. Imaginamos que no haya temporada en que el Narrows se encuentre en las mismas condiciones.

Al llevar la vista arriba asoman las montañas que nos rodean, o simplemente se cierra hasta el punto de no tener posibilidad de divisar el color del cielo.

La dificultad técnica más importante que tuvimos que superar fue una pequeña trepada de un empotramiento de rocas y arena, casi al comienzo del Narrows, y en una pequeñísima playa coincidente con la orientación del sol que calentaba un pocos nuestros cuerpos, hicimos un alto para tomar nuestras provisiones, continuando después nuestro camino por el interior que poco a poco se va estrechando, pero nunca dando síntomas del fin.

Ya de tarde, llegamos a un punto muy curioso donde otro pequeño río con su consecuente cañón alimenta el principal, en este tenemos la oportunidad de tocar su dos paredes con simplemente estirar nuestro brazos, y es a una hora río arriba de este punto, donde decidimos dar la vuelta y emprender nuestro regreso, tenemos que pensar que nuevamente hemos de recorrer el camino trazado, este vez con menos paradas y sin disfrutar tanto del paisaje, en resumidas cuentas aligerando el paso, y con la caída del día salimos de este sorprendente laberinto.

Quizás, si hay una próxima vez que acabemos en Utah, entraremos de nuevo al Narrows, y tal vez haciendo noche en su interior, podamos así llegar a su fin. De lo que no cabe duda es que todavía hoy, es posible disfrutar de uno de los rincones mágicos como lo hicieron los Indios americanos, tierras que les pertenecieron y que siempre les pertenecerán.

Texto: Iñaki Villán

Islandia

“RUMBO A LA LÍNEA IMAGINARIA “

Frailecillo en Grimsey

Navegar, es sin lugar a dudas otra de la grandes aventuras que a cualquiera que le guste la aventura, alguna vez ha tenido en mente, y que seguro estaría dispuesto a realizar.

Más aún, si se vive lejano al mar, puesto que nos guste o no somos gente de tierra firme por los cuatro costados, de ríos, estepas y montañas, dada la ubicación geográfica de nuestra provincia natal. Pero seguro que en el interior de cada uno de nosotros, guardamos siempre un sitio o un rato para acordarnos del mar.

Quizás por eso, siempre tuve en mente el poder realizar una travesía por mar, pero no pensé que mi oportunidad fuese en el mar del Norte y menos aún, rumbo a esa misma dirección.

Akureyri, pequeña ciudad en el norte de Islandia.

 

Como antes dije, para un hombre de tierra adentro cualquier trayecto, aún tratándose de un día de navegación, hace que sea la mayor de las rutas marítimas y se disfrute con ello al máximo. Olores luces y sonidos del mar, cantidad de cosas que para otros pueden parecer un simple paisaje monótono; desde agua y cielo, hasta el fin del horizonte. Al fin y al cabo, estamos en un medio que no es el nuestro y aquí estamos a merced de otras voluntades. Mi consejo para ello, vivir el momento y disfrutar.

¿Nuestro barco? en su justa medida, adecuado para sentir aún más esa sensación marinera. Partimos de la vertiente norte de Islandia concretamente de un pequeña pueblecito llamado Akureyri, situado en el inicio de un fiordo de dimensiones espectaculares.

Apalabramos los detalles el día antes: lugar, hora de partida y todos los demás entresijos sin mayor importancia. Nos levantamos, como lo hacemos cada vez que tenemos un objetivo en mente, veloces y sin preocuparnos más que por uno mismo y su equipación, acorde al clima de la zona, porque de sobra sabemos lo que cada uno debe hacer. Una especie de código de conducta casi nunca hablado, que hace que la rueda gire y todo salga según lo previsto.

Con puntualidad más que británica empezamos el ritual del comienzo de una aventura, independientemente de donde ésta se realice. En medio de una madrugada a la islandesa, fría y húmeda, sin sol y con neblina en el horizonte que hace sentir un poco de mella en nuestras ilusiones, y pone rápidamente el celebro a funcionar.

Al inicio de cualquier aventura en el desayuno, las miradas cruzadas y observaciones mudas se suceden, primero uno se estudia a si mismo, cuál es mi estado de fuerzas y cuál mi estado mental: puntos a favor. Luego el medio alrededor, se observa que el tiempo no es bueno del todo y el desayuno es aún peor: puntos en contra, y ya por último tu compañero, su aspecto es bueno y parece tener la moral alta. Tras una serie de preguntas mutuas, cortas y claras, de esas que no dicen nada en concreto pero que explican mucho, se deduce que no existe contratiempo alguno y que por mayoría, los puntos son favorables, pues sin mediar palabra, se sigue con el plan adelante.

En el barco, rumbo a Grimsey

 

Nos encontramos en el lugar acordado, puerto de Akureyri a la hora prevista 7 AM y nuestro primer contacto con el barco. Por mi cabeza pasa: “se mueve no tiene mala pinta espero que no se ponga la mar brava por si acaso, solo necesitamos cruzarnos con muchas ballenas o que salgan a nuestro encuentro cualquier otro tipo de habitantes marinos”.

Inspeccionamos su interior y el exterior, es perfecto, para ir tomando fotos desde la borda, así que arranquen motores ya, que nos vamos hacia Grinsey la pequeña isla de Islandia que atraviesa el círculo polar.

Soltamos amarras y empezamos a desplazarnos por el interior del fiord,o se observa la costa mas pequeña a la vez que nos vamos alejando de ella, y Akuery desaparece de nuestro campo de visión, entre esas neblinas que sólo dejan asomar las cumbres de las montañas. Dándole ese aspecto fantasmal a la par que auténtico y que aunque quede mal decirlo, tantas veces había visto por televisión.

Navegando en el mar del Norte

 

Pasados unos minutos también nos damos cuenta de que el viento marino, parecido al que bien conocemos de la montaña, sólo que más húmedo, hace perder la temperatura corporal rápidamente, teniendo que entrar de vez en cuando al interior del barco para recobrar la temperatura. También nos damos cuenta que somos lo únicos y el adjetivo me lo reservo, que vamos en cubierta exterior, pero afán nos obliga para no perder así detalle alguno.

El mar es una balsa de agua en calma, avanzamos rápidamente y nos aproximarnos a algún roquedal que pone fin al fiordo, dejando tras de sí el mar abierto. Tenemos la primera observación de gran cantidad de aves marinas que ni se inmutan a nuestro paso, de entre todas ellas, buscamos una muy especial, que sólo se da en estas latitudes, un pájaro de aspecto singular y simpático con un pico característico, se trata del Frailecillo.

Cuando perdemos contacto visual con tierra firme al norte, sur, este y oeste, divisamos a lo lejos nuestro primer grupo de ballenas que desaparecen sin dejar rastro alguno, justo después observamos otras aves de grandes dimensiones que tras coger altura se lanzan en picado tras los peces, un espectáculo digno de ver y que se nos brinda a nuestro paso.

Seguimos siempre a la espera de poder capturar una ballena por supuesto, siempre me estoy refiriendo a nuestras cámaras, y después de unas cuantas millas náuticas más, observamos un ave de pequeñas dimensiones que se encontraba flotando en medio del mar ya lejos de tierra firme. Al llegar a su encuentro, a éste le cuesta remontar el vuelo, y cuando el barco en su incansable rumbo norte parece querer capturarle, lo observamos en primer plano y por separado. Tras constatar la observación ya no hay duda se trataba del Frailecillo, del auténtico y simpático pájaro del que pronto pasaría a ser como la mascota de nuestro viaje.

Como una fiesta organizada en un punto concreto de toda la inmensidad a nuestro alrededor, toda la vida de cuantos habitantes se encuentra allí son llamados por los peces en una fiesta alimenticia. Cuando uno parece haberse acostumbrado a todo ese trajín, en medio de las aguas surge el lomo de una ballena con el sonido de su resoplido tomando aire.

Tener una animal de esas dimensiones tan cerca, desplazándose lentamente, produce una sensación entre alegría por la existencia de aquellos seres y de paz por la tranquilidad que parecen querer transmitir; al desparecer bajo el agua sólo esperas una cosa, que vuelva a la superficie, para poder esta vez estar más preparado para lanzarle una fotografía, pero esta desaparece y perdemos contacto alguno, solo después de algún tiempo y al capricho del destino pudimos tomar alguna fotos de estas majestuosas criaturas.

Una ballena en el mar del Norte

 

Por mi cabeza ronda que estamos ante el pueblo Islandés, unos de los pocos y últimos cazadores de ballenas. Nunca comprenderé como se puede tener el valor moral suficiente, para cazar un animal de estos aunque sea parte de su cultura.

Después de unas horas más de navegación entre niebla y humedad ambiental, justo al norte el sol parece querer romper el horizonte y tan solo en cuestión de unos minutos pasamos de una niebla cerrada al espectáculo del cielo despejado y parece mentira: más es así, cuanto más al norte vamos.

Lejos empezamos a divisar lo que creemos pueda ser Grimsey. Con el sol de nuestro lado, ahora la estancia en cubierta se hace un poco más agradable.

Poco después el barco no se desvía, parece querer ir a chocar con ella, ya no nos cabe duda se trata de Grimsey. En ella sabemos que estamos cerca de esa línea imaginaria creada por el hombre: el “Círculo Polar Ártico” esa parte del planeta frío y deshabitado, y que en su gran mayoría se compone de agua en dos sus estados: el líquido por su mar y sólido por sus hielos, pero también sabemos, que estamos aún muy lejos de esas características.

Acantilados en Grimsey

 

Describir la isla de Grimsey es describir la soledad y la capacidad del hombre para adaptarse a un mundo hostil en el medio de la nada, puesto que es un pequeño asentamiento de pescadores. Pescadores del Bacalao en un trozo de tierra con forma de plano inclinado, con pequeñas calas de grandes rocas en un lado y acantilados vertiginosos por el otro, espacio exclusivo de las aves.

Quien iba a pensar que tendríamos el mejor tiempo de todos cuantos nos hizo en toda nuestra visita a Islandia, cuando justo llegamos a Grimsey en el mismo circulo polar.

Así que hicimos cuanto pudimos, que es aprovecharlo al máximo, como animales cuando sueltan su correa, saltamos del barco y empezamos a caminar sin un rumbo claro, únicamente en dirección a la zona mas alta de la isla como si lo conociéramos de toda la vida. Llegamos a sus acantilados muy altos y con caída directa al mar, bordeamos éstos llegando al final, la isla se nos acaba no hay mas tierra firme y el paisaje no ofrece mucho más que agua en el horizonte.

Pero ponemos a funcionar nuestra imaginación pensado a cuantos días u horas de navegación estarán de aquí los primeros Icebergs desprendidos del casquete polar, al fin de al cabo no hay nada que le impida a uno mismo soñar.

Y así pasamos todo el día en este barco de piedra llamado Grimsey, acompañados por mosquitos y una gran diversidad de aves demasiado escandalosas que con el tiempo empezaron a sobrevolar cerca, muy cerca de nuestras cabezas, indicándonos que ese no era nuestro lugar. Protegiendo, imagino, a sus polluelo, a los que ni mucho menos teníamos intención de molestar, sólo queríamos asomarnos a sus acantilados de roca negra con un mar aún más negro en el fondo.

Aves en Grimsey

 

Y ya con la llegada de la tarde, nos despedimos de Grimsey. No nos podemos permitir peder nuestro barco, único vinculo existente entre la isla e Islandia, sin él varios días tendríamos que quedarnos aquí, y la verdad tratándose del circulo polar, quien sabe, quizás no hubiese sido fácil.

Esta vez pusimos rumbo sur, y después de rato entre nubes divisamos la grandiosidad de la isla de Islandia, allí nos esperan volcanes, fumarolas y montañas, ríos y glaciares. Me imagino que como muchos marineros al regreso, nos invade la sensación de vuelta a casa, y eso que todavía estamos en otra tierra que tampoco se parece en nada a nuestra, pero que ya casi la sentimos como nuestra.

Texto: Iñaki Villán