El Gran Cañon del Colorado

“EL CAÑÓN DEL COLORADO: El gran mito. “

Tras un largo viaje por las carreteras del oeste de Estados Unidos en un pequeño coche alquilado, llegamos ansiosos a Arizona, nuestro objetivo: ver el gran mito, esa imagen que todos tenemos grabada en nuestras retinas.

Primero decepción, cinco millones de visitantes anuales dejan su huella, pero pronto queda eclipsada ante una tormenta colosal, que se ve acercar rápidamente; el cañón de fondo y la madre naturaleza mostrando su fuerza, rayos, relámpagos y truenos por doquier, un espectáculo inigualable que queda firmado con un sencillo arco iris.

Huyendo de la muchedumbre, nos planteamos bajar y tocar el río que da nombre al parque. Sabemos que es un fuerte desnivel y que el excesivo calor del verano en estas latitudes, dificultarán la marcha, pero nuestra ilusión por disfrutar de este monumento natural es aún mayor.

Al día siguiente tomamos, desde Yaki Point el South kaibab a 2.413 m de altura, un camino que bajaba a través del Gran Cañón, cuyas rocas más antiguas alcanzan la mitad de la edad de la tierra, hasta el mismo río Colorado sorteando un desnivel de 1.433 m.

La temperatura iba aumentando progresivamente hasta alcanzar los 40 °C, pero la belleza del paisaje superaba lo imaginado y compensaba el esfuerzo, una variedad de colores adornaba las rocas, desde el ocre al rojo fuego. Cuando alcanzamos a divisar el río Colorado, que hace honor a su nombre, nos sorprendió su fuerza y en cierta forma comprendimos que era el responsable de esa inmensa maravilla, aunque para ello hubiera necesitado la friolera de seis millones de años.

Cruzamos el puente de hierro y ya en la orilla sur, vimos las ruinas de un antiguo asentamiento indio de los Anasazi, que en lengua navajo significa “pueblo antiguo”, pues parece ser eran sus antecesores. Todo era perfecto, parecíamos protagonistas de una película del oeste, pero era real.

El paisaje, e incluso la presencia de ciervos en las cercanías, además de otras especies, acentuaba el carácter salvaje del entorno.

Alcanzamos el Bright Angel Camp, donde acampamos, tras un día agotador y lleno de emociones.

Por la noche somos de nuevo testigos, del poder ilimitado de la naturaleza que nos obsequia con una imponente tormenta eléctrica; la iluminación era fantasmagórica y nos sobrecogió pensar lo vulnerables que éramos ante tal muestra de poder.

Al día siguiente regresamos. Nos despedimos del río que nos ofrece la explicación de su nombre. Un tono rojizo se apodera del paisaje y sobre él, el colorado del río.

El ascenso fue más duro, pero la luz del amanecer, produce un escenario perfecto para la fotografía, con lo que las fatigas del Bright Angel Trail, quedaron eclipsadas por las imágenes que aparecían por los cuatro costados.

Tras un largo camino, llegamos de nuevo a la cima del cañón, a la civilización.

El gentío y el ruido de los coches nos devuelve a la realidad, pero sobre todo ello, una secreta satisfacción interna: habíamos cumplido un sueño.

LOS NÚMEROS DEL GRAN CAÑÓN

Superficie: 493.760 Ha.

Longitud: 320 km

Anchura de 20 km

Profundidad máxima de 1600 m.

Las rocas del estrato superior tienen una antigüedad de 250 millones de años, y las del estrato inferior unos 2.500 millones de años.

La dirección www.nps.gov es de gran utilidad.

La puesta de sol es espectacular