Montaña Palentina

“Rincones de nuestra montaña “

Cima del Espigüete desde Santa Lucía

Tras un año de recorrido juntos en nuestro SONOCHO, regresamos a ese lugar bello y misterioso donde todo comenzó: “LA MONTAÑA PALENTINA”.

Sierra de Redondo

A poco más de un centenar de kilómetros de la capital palentina, nos encontramos con un mundo natural sorprendente.

Aquí cohabitan especies en peligro de extinción con árboles milenarios testigos no tan mudos de nuestra historia; costumbres ancestrales conviven con modernos modos de vida; las tradiciones y leyendas son todavía compartidas en las frías tardes invernales junto al calor de la lumbre en un ambiente ajeno al tiempo.

Tejeda de Tosande

Las duras condiciones de su clima, han modelado hombres y mujeres trabajadores, recios y orgullosos de sí mismos y de su entorno. Entorno que han respetado a lo largo de los siglos; la consecuencia de ese respeto es el paraíso natural que hoy nos brindan.

Pantano de Ruesga

Y todo ello a pesar del olvido que sufre el mundo rural. Las administraciones desde las capitales, mandan y dictan leyes presuntamente protectoras que de manera incompresible cambian en breves plazos de tiempo, contradiciendo los textos anteriores.

Hoy la Montaña Palentina queda englobada en el Parque Natural de las Fuentes Carrionas y Fuente Cobre con una superficie de 78.360 Ha

Cervera de Pisuerga

En su interior encontramos 10 municipios: Velilla del Río Carrión, Aguilar de Campoo, San Cebrián de Muda, Cervera de Pisuerga, Triollo, Polentinos, Brañosera, La Pernía, Castrejón de la Peña y Dehesa de Montejo.

Estos diez municipios encabezan un total de 98 núcleos de población y poco más de 2.100 habitantes.

Por lo tanto tiene una densidad de población inferior a los 3 hab/km2; dato que lleva asociado un importante problema de despoblación.En las faldas de Peña Redonda

Otoño en las faldas de Peña Redonda

Pero la Montaña Palentina aunque sensible, permanece ajena a los avatares humanos y guarda rincones de singular belleza.

Entre ellos tenemos la tejeda de Tosande, donde tejos muchas veces centenarios crean un ambiente casi místico propicio para la meditación. A veces son las estaciones las que nos brindan ese sitio particular, las torrenteras en épocas de lluvias crean lugares donde el sonido del agua invita a la paz.

Corriente de agua cera del Valdecebollas

También están presentes grandes montañas como el Curavacas o el Espigüete que da nombre a nuestro club. Ambas nos invitan a realizar ascensiones de diferentes grados de dificultad según la época del año y que ante todo nos piden respeto, que sepamos anteponer el premio de un día de montaña al de una cima que no siempre es propicia.

Curavacas
Espigüete

Cualquier época del año ofrece un paisaje único, una imagen especial o una sorpresa a los caminantes que se adentren por los senderos de la Montaña Palentina. Viejos árboles escondidos en el corazón del bosque, acebos con sus hojas brillantes entre la nieve, hayedos rojizos en el otoño…

Desde aquí queremos mostrar nuestro agradecimiento a los habitantes de estos maravillosos parajes, por haber conservado la montaña en tan buenas condiciones y permitirnos así disfrutar de este privilegiado privilegiado lugar.

¡Ojalá seamos capaces de dejar el mismo patrimonio a las futuras generaciones!


Peña Redonda

Peña Abismo

Desde el Valdecebollas

Creemos que éste es el mejor lugar para nuestra despedida; desde nuestra querida PALENCIA, donde el carácter de sus habitantes, sus gustos y sus aficiones se forjan y se funden con la misma tierra, creando un vínculo de unión que se fortalece cada día que pasa.

Quizás por obstinación o simplemente por cierto grado de locura hemos tenido la suerte de poder visitar algunos lugares, de los muchos que se esconden en el planeta; pero nunca hemos dejado de pensar en nuestra tierra, en nuestras montañas.

Esperamos haber compartido esos pequeños momentos de libertad. Nuestro objetivo ha sido viajar con la mente sin moverse del sitio, para ello hemos recordado momentos buenos y algunos no tanto, pero siempre intentando compartirlos con vosotros, los que os habeis unido a este pequeño tren que bautizamos con el nombre de

“EL SONOCHO”.