EMILIO VICENTE LAGUNILLA ALONSO “TENTE”

Antes de que nuestro protagonista naciera y antes también de que conociera la montaña Palentina, escenario primero de su actividad montañera, allí había ocurrido un triste y luctuoso accidente, que dejaría un lamentable record de tres montañeros palentinos fallecidos trágicamente, en el intento de ascender en invierno, por primera vez, por la pared nordeste del Pico Curavacas (2.520 m), el día 16 de abril de 1957, hecho que marcaría durante muchos años a muchas personas relacionadas, de una u otra manera con ese acontecimiento.

El montañismo en Palencia era una actividad incipiente en los años del accidente, sólo un grupo reducidísimo, Benito Iglesias Cueto, Gerardo Cisneros Matía, Félix Usano, Eduardo Lizarda, Mario Herreros Arconada y Alejandro Díez Riol, habían asistido a un curso “ex profeso” para montañeros en un Campamento a nivel nacional organizado por el Frente de Juventudes. Allí aprendieron con la práctica las técnicas de escalada y usaron por primera vez cuerdas de cáñamo, piolets, crampones, clavijas y mosquetones de hierro, y nada más: con ese exclusivo material se hacían las grandes o pequeñas ascensiones en verano y en invierno, la ropa usada no conocía las prendas de abrigo polares, ni impermeables ni traspirables; la lana era la materia más común en ropas y calcetines, el calzado era deficiente y escaso y sólo la grasa de caballo garantizaba durante unas horas la estanqueidad de las botas, luego ya no había remedio para la humedad.

Aquellos primeros montañeros, pioneros del montañismo palentino, usaron como calzado, en sus primeras actividades, unas “chátaras” confeccionadas con ruedas usadas de vehículos, a modo de albarcas ceñidas al pie sobre zapatillas de esparto, al estilo de los pastores de Picos de Europa.

Como siempre ocurre, las tragedias en la montaña hacen de efecto llamada y un grupo de montañeros burgaleses que participaron en el rescate del último de los siniestrados se hicieron eco. Como consecuencia, nuevas generaciones de montañeros palentinos y burgaleses centraron su interés en el pico Curavacas, destacando entre estos últimos Carlos Sainz Varona y Leopoldo Valdivielso, que abrieron nuevas vías, una de ellas llamada ‘Vía de los Burgaleses’ en la pared noroeste en Agosto de 1983.

Nuestro protagonista, “Tente”, nacido el día 8 de Mayo de 1961, conoció pronto la Montaña Palentina, ascendiendo al Pico Espigüete con sólo 9 años de edad y con 14 años al Pico Curavacas. Formarían grupo con él otros montañeros palentinos, que al igual que los burgaleses, abrieron nuevas vías y dejaron su impronta en días memorables para ellos. Con el paso del tiempo, algunos dejaron el mundo de la montaña y otros se dedicaron a un tipo de actividad montañera menos “llamativa”, mientras que Tente iba añadiendo año a año, nuevos retos que se fueron cumpliendo y que hoy forman parte de un más que digno historial y de una estupenda “Hoja de Logros”. De aquellos montañeros, compañeros suyos en muchas actividades, cabe destacar a José Manuel González Zarzosa (Zarza), Juan José Villacorta (Aspi), Ángel Villán, César Tomé, Eladio Lantada, etc.

Con sus propias palabras, Tente dice formar parte “de esa primera generación de Alpinistas palentinos que un día decidieron buscar cumbres fuera de nuestras fronteras”, y en 1985 se embarcaron en la primera expedición palentina a la Cordillera Blanca de los Andes del Perú, junto con otros cinco miembros del Club de Montaña Fuentes Carrionas, al que pertenece. Desde entonces, ha seguido participando en expediciones a Sudamérica y principalmente al Himalaya, cordillera que ha visitado en numerosas ocasiones.

Como divulgador del montañismo, es coautor de varios audiovisuales sobre distintas expediciones, y también coautor de varias guías y libros sobre la montaña palentina. Colaborador de varias revistas de montaña, desarrolla una intensa actividad docente, como miembro activo de la Escuela Castellano y Leonesa de Alta Montaña, impartiendo cursos sobre montañismo.

Practica diversas facetas del mundo de la montaña y aire libre en general, Alpinismo en todas sus facetas, Esquí, Espeleología.etc.

Como gran conocedor de la montaña palentina, y el macizo de Fuentes Carrionas en particular, ha participado en varios de los más laboriosos rescates que se han realizado en Curavacas y Espigüete.

En cualquier actividad humana y como no, en la deportiva también, cuando se practica al nivel de excelencia y se alcanza el máximo – como es el caso de nuestro protagonista -, pueden surgir voces disidentes u opositoras que por ocultas razones o explícitas controversias manifiesten su desacuerdo, pretendiendo menoscabar un trabajo bien hecho y una acreditada reputación.

Nuestro protagonista, “rara avis”, ha sido siempre aceptado y valorado positivamente por todos con entusiasmo, especialmente en los ambientes alpinísticos donde se desenvuelve como pez en el agua, por su carismático liderazgo y por su peculiar forma de ser.

La gran capacidad para el trabajo y la organización, su facilidad en la comunicación y la pronta colaboración donde se le solicita, junto a valores como un elevado sentido de la amistad, un talante vocacional para la enseñanza, y todo ello sin perder la sencillez y naturalidad, le convierten en alguien próximo y admirado, popular y querido. No me atrevería a hacer estas manifestaciones si no estuvieran debidamente contrastadas y valoradas por quienes merecen tener en cuenta su opinión, ya que mi relación de amistad no trasciende más que a mi rendida admiración y al afecto nacido por su incuestionable valer en el mundo del montañismo.

Durante los últimos 30 años, Tente ha estado ligado al mundo de la montaña en todas sus facetas. Actualmente coordina el Grupo de Rescate y Salvamento de Castilla y León y cuando hacemos esta glosa, Abril 2010, está en una nueva expedición en el Himalaya, en un nuevo intento de lograr la cumbre del Manaslu, con lo que sería su cuarta cumbre de más de 8.000 metros, todo un record a todos los niveles.

Esta breve referencia sobre nuestro admirado y admirable Tente, se cierra a modo de colofón, con el impresionante historial deportivo que ha alcanzado a lo largo de más de treinta y cinco años de actividad. Su juventud y entusiasmo permitirá, sin duda, nuevos logros.

MIGUEL RUIZ AUSIN

ALEJANDRO DIEZ RIOL

Pionero del Montañlismo Palentino

 

Hubo un tiempo y no muy lejano en que Palencia –su ciudad y provincia-, poco conocida fuera de nuestros límites, era consideraba exclusivamente una extensa comarca de Tierra de Campos, o de Campos de Tierra como algunos autores la intitulaban, lugar llano donde los cereales eran la única producción pues así lo permitían su composición geológica.
Nada de montañas, nada de que nuestro territorio formara parte destacada de la Cordillera Cantábrica, con altas montañas de más de 2500 metros, grandes valles, altos lagos glaciares y ríos muy importantes.
En tiempos muy anteriores, siglos ya, los romanos nos daban lecciones de geografía, y así recoge el historiador Plinio el Viejo cómo las montañas de nuestro provincia les impedían el paso en su afán expansionista o se lo hacían muy complicado: ‘hacía el norte empezaba lo arduo, “boca al arduum” (boca de puerto)’, que luego se transformaría en Boardo, Buardo, llegando a ser hoy Guardo.
Tendría que ser Alejandro Díez Riol quien a mediados del pasado siglo XX nos introdujera hasta las mismas montañas y a sus altas cumbres, enseñando la práctica montañera a unos, y a través de sus escritos, mapas y fotografías a otros.
A principios del s. XX Juan Díaz Caneja escribió sobre la montaña palentina una breves obras pero de contenido muy jugoso tituladas “Cumbres Palentinas” y “Josef el Santero”, las cuales influirían sobresalientemente sobre la afición de Alejandro. Sobre Díaz Caneja diría José Alonso de Ojeda -Director del Diario Palentino- ‘ser el mejor cantor lírico de las cumbres y paisajes palentinos.
¿Cómo nace su afición? Su niñez transcurrió en una época convulsa -nació el 3 de Abril de 1933- y a falta de muchas cosas. Sus padres leoneses, de Castilfalé su madre y de Tejerina su padre, del partido de Riaño, montaña leonesa. El tren de La Robla hasta Puente Almuhey discurría paralelo a la cordillera y este fue su primer descubrimiento de las montañas, observando desde la ventanilla con entusiasmo y lanzando exclamaciones de admiración al ver montañas tan altas, entre ellas Peña Corada, próxima también al norte palentino. Luego ya con su padre subiría a su primera montaña, Piedralagua de Tejerina con sus 1786 m, que le quedaría marcado para siempre.
En un lugar determinado de la montaña ‘mi padre me enseñó una planta que hacía mucho mal a las vacas –verdegambre- un nombre que siempre he recordado y que relaciono con mi amor por la Botánica y especialmente por las plantas de montaña’. Su otra pasión, la Botánica, materializada en un amplio, profundo y concienzudo trabajo pendiente de publicación, que incluye cientos de plantas, especialmente de montaña, y que ha sido motivo de estudio y admiración de catedráticos en esta materia.
Y otro motivo fortuito pero esencial en su afición a la montaña. En Castilfalé vivía una familia que procedía de Oseja de Sajambre de apellidos Díaz Caneja, parientes de los que habían vivido en Palencia y emparentados con la familia Betegón. ‘Y gracias a ello y a través de ellos, cayó en mis manos -entonces, otros tiempos, todos nosotros éramos unos voraces lectores de toda letra impresa-, el último libro que había escrito Juan DÍaz Caneja, Josef el Santero. Lo leí y me dije que viviría en la tierra que describía el autor. ”………..” los nombres de los pueblos, de los paisajes y sobre todo de Espigüete (que había contemplado desde Tejerina), de Curavacas, de Peña Labra, etc., entraron con fuerza en mi mente creándome una ilusión. Vivir en aquella tierra’.
¿Romanticismo? ¿Esteticismo? ¿Aventura?, ésta última entendida como estímulo para alcanzar cosas nuevas, ascender por rutas inéditas con emulación de águila.
Con 17 años participa en el Campamento Nacional de Montaña en Gredos. Organizado por el Frente de Juventud, es en el año 1950, y después de varias experiencias montañeras obtiene el título oficial de Montañero. Sería en el Campamento Nacional de Alta Montaña de Fuentes del Esla donde alcanzaría el título de Guía Montañero. Año 1952.
A nivel provincial, y como primicia del Montañismo palentino, se organiza el 1º Campamento Provincial de Alta Montaña en Cardaño de Arriba, entre los días 16 al 26 de Julio 1953. No existía carretera para llegar a Cardaño de Arriba. Los asistentes lo formaban dos Guías Montañeros -uno de ellos Alejandro-, y varios neófitos dirigidos todos por un tercer Guía procedente de Madrid. Suben Espigüete por la cresta Este-Oeste y descienden por la pedrera de la vía sur. Al día siguiente quieren hacer el Curavacas sin saber el recorrido más adecuado ni tener mapa alguno que les orientara, y suben por Las Lomas y Valmediano alcanzando el Alto de Calderón para acceder al collado del Ves, dando una tremenda vuelta innecesaria. Descienden a las lagunas del Ves donde montan el campamento con mucha niebla. Alejandro y otro compañero hacen una escapada hacia el Pozo Curavacas y conocen al Tío Vicente, lebaniego propietario de aquellos altos pastos y que da nombre a un chozo natural en la roca que ha servido de refugio en muchas ocasiones. En su regreso al campamento – ya noche cerrada-, la niebla les juega una mala pasada desorientándose y no será hasta después de mucho vagar por el terreno que localizan el campamento. Todos dormían.
Siguiente día, y a pesar de la niebla intentan ascender al Curavacas por la canal entre Hoya Contina (2392 m) y la Curruquilla (2361 m), alcanzando el alto y faldeando luego por la cara sur para llegar a lo que consideraron la cumbre sin serlo, ya que una abertura de la niebla les deja ver después una cumbre más alta por encima de su situación. Toman la decisión de seguir y atravesando el Portillo alcanzan el Pico Medio y luego ya la cumbre principal. Todo un éxito. Aunque al día siguiente estaba previsto ascender a Peña Prieta, por alguna razón se desistió y por la Hoya Contina y sus laderas pedregosas y cubiertas de brezos, descendieron a Cardaño de Arriba.
Estudia Magisterio como su padre y años más tarde, ya casado, se licenciaría en Filosofía y Letras. Aprueba las oposiciones a Magisterio sacando tan buen número que le permitía elegir una buena plaza. En su decisión para elegir destino prima más su afición y amor a la montaña que la seguridad de un cómodo lugar, y pide el pueblo de Polentinos, uno de los más altos de la provincia y adelantado en la Montaña Palentina, que el invierno cerraba por nieve en muchas ocasiones, y donde Alejandro esquiaba a veces por encima de los tejados dada la intensidad de las nevadas.
Polentinos se convertiría en punto de partida de escaladas en solitario al Pico Curavacas entre otros, en jornadas maratonianas de 16-18 horas para la aproximación, la ascensión y el regreso a Polentinos. Un recorrido era de Polentinos a la Horcada (1625 m), descenso al valle de Pineda y camino hasta el Pozo de Curavacas. Desde la “huerta grande” por un canalizo desconocido – era la Senda del Notario – hasta la Brecha Muerta. Dejando atrás ésta, se sale a la Llana por un segundo paso y luego la cumbre. Descenso hasta la Brecha Muerta y bajada aérea por la Pedrera Pindia, a pesar del riesgo de este descenso, alcanzando el puerto del Hospital, evitando así la gran vuelta que suponía bajar al Pozo de Curavacas y alcanzar el valle de Pineda por Los Escalones, para seguir hasta Polentinos.
En aquellos años en que residió Alejandro, sería este pueblo desde entonces conocido por los aficionados al montañismo como punto de partida a las altas montañas palentinas. El coche de línea llegaba solo hasta Cervera; desde aquí marcha hasta Polentinos donde esperaba impaciente la llegada de los montañeros y continuar hasta la montaña en jornadas largas y duras. Nadie disponía de coche y los accesos por la Ruta de los Pantanos o el Valle Estrecho eran infernales por caminos y carreteras de tierra.
Hace las Milicias Universitarias y el segundo año, estando en Polentinos, es llamado para incorporarse a la Agrupación de Transmisiones nº 5 de Zaragoza, era el 5 de Marzo de 1953. Nevaba en Polentinos. Coge los esquíes con la maleta a la espalda, para llegar a Cervera en medio de la ventisca y a través del monte, ya que estaba incomunicada por carretera. No tiene más remedio que seguir caminando con los esquíes hasta la estación de Aguilar de Campoo, en una marcha de más de 12 horas desde que sale de Polentinos.
En Zaragoza, en los Pirineos, hace cursos de vida sobre nieve y maniobras militares de montaña. Frecuenta el Club de Montañeros de Aragón donde destacaban por su arriesgada actividad Bescos, Rabadá y Navarro, que tienen puesta su atención en los Mallos de Riglos, en los que abren nuevas vías. Aprovecha su estancia subiendo al Aneto (3404 m) y otras cumbres.
Se equipa convenientemente para tener más autonomía con una tienda, una cuerda de 12 mm y 40 metros, saco de dormir de piel, una mochila y su ya inseparable máquina fotográfica. A partir de estos momentos comienza una actividad frenética, pues tiene urgencia en lograr las primeras ascensiones a las montañas palentinas.
Primera ascensión invernal, cara norte del Curavacas el día 5 de Febrero de 1955, con Mario Herreros y Felicísimo Cisneros, compañeros con los que compartiría muchas ascensiones.
Travesía de la Sierra de Peñalabra y Valdecebollas, en solitario el día 19 de Abril de 1955.
Vía Diagonal de la cara Nordeste del Curavacas, el día 5 de Junio de 1955, vía ésta en la que en Abril de 1957, encontrarían trágica muerte tres montañeros palentinos con los que Alejandro formaba cordada y a la que denominaban “Los Faquires”, episodio éste que tuvo una resonancia tan nefasta para el montañismo en Palencia, que vivía momentos de auge, que tuvieron que pasar algunos años hasta que volvió a surgir con fuerza renacida la afición al montañismo. La actividad montañera desde Palencia quedó reducida a la nada, pero en la provincia montañeros de Barruelo continuaron la actividad, a la que se sumó Alejandro en alguna ocasión, manteniéndose Polentinos como punto de partida.
En julio de 1957 Alejandro es llamado para asistir al XV Campamento Nacional de Alta Montaña celebrado en Andorra, por encima de Soldeu, recorriendo las cumbres del circo de Pessons y acompañado por Mario Herrero, siendo esta la última vez que saldrían juntos a la montaña.
En este punto, es de justicia y reconocimiento hacer notar la figura de Benito Iglesias Cueto, primer palentino en obtener el título oficial de Montañero, y como elemento imprescindible en todas las actividades montañeras que se organizaron desde Palencia capital en ésta época, motor impulsor de las mismas, y en las que también participó aportando además su carácter afable y su permanente disposición a servir y ayudar a los demás.
A partir del año 1958, un grupo de jóvenes aficionados a los que les afectó el parón del triste accidente empieza a reaccionar y encuentran en Alejandro el guía ideal para acometer varias ascensiones por distintas vías y en diferentes épocas del año, ascendiendo en repetidas ocasiones a Curavacas y Espigüete, creando un ambiente ilusionante y con interés por la actividad montañera.
Algunas prácticas montañeras, usos y nudos de la cuerda, rappel, etc., se hicieron en el Barredo viejo –Cristo del Otero-, en paredes verticales de tierra; se usaban clavijas de hierro de medio metro procedentes de la Fábrica de Armas, para que aguantaran por fuerza y longitud lo que no podían por sujeción en un medio tan inestable.
La actividad de Alejandro no se limitó exclusivamente al montañismo, ya que su afición al esquí que practicaba con virtuosismo le permitió participar en Campeonatos Provinciales y Nacionales donde siempre destacaba, aunque la falta de práctica marcara la diferencia con los que procedían de regiones donde se esquiaba con frecuencia y en pistas preparadas.
Un accidente de esquí le causaría lesiones que afectarían a la actividad montañera que había ejercitado durante tantos años, limitando ésta a esporádicas salidas al campo para seguir ampliando el magnífico trabajo sobre flores y plantas de la montaña palentina que ha confeccionado en un alarde científico, y que ha sido elogiosamente censurado por profesionales de la botánica.
Imposible glosar tan abundante actividad montañera en pocas líneas, esta limitación impuesta por el espacio puede ser suplida con creces leyendo sus obras escritas y publicadas –tiene cosas sin publicar. Una de ellas, la Historia del Montañismo Palentino, recoge desde las primeras ascensiones en 1854 a Espiguete por Casiano de Prado –geólogo-, las realizadas por comisiones militares para realizar el Mapa Topográfico de España, montando en las cumbres los vértices geodésicos, las ascensiones de Antonio de Valbuena y el Conde Saint Saud en los años 1886 y 1892, respectivamente, y así, de manera cronológica, el relato del acontecer deportivo en estas montañas, quedando documentalmente registradas todas aquellas actividades en las que él y otros montañeros contemporáneos participaron activamente tanto en verano como en invierno.
La otra obra a la que me refiero se titula “Montañas Palentinas”, un recorrido lleno de lirismo de los lugares más bellos de la montaña palentina. Aflora siempre en ellos una vena poética y sentimental, con un cierto poso de amargura porque no se sepa cuidar y preservar estos espacios virginales. En este trabajo están representadas como modelos de exultante belleza, cumbres, valles y recoletos lugares donde solo Alejandro, principalmente en invierno, ha tenido la oportunidad de llegar desde esa avanzadilla de que fueron para él Polentinos y posteriormente Cervera de Pisuerga, localidad ésta en la que vive actualmente y de la que llegó a ser Alcalde.

Miguel Ruiz Ausin

EL PICO MURCIA

Este Pico es uno de los más genuinos y característicos de la Montaña Palentina, por su esbeltez y altura ( 2.349 m.). No existe ninguna dificultad técnica para acceder a su cumbre por la via tradicional , que es la que -desde Cardaño de Arriba-, principia en el valle de Valcabe, iniciándose la ascensión propiamente dicha, en verano, apartir del refugio que al final del valle existe, a través de una ruta bien marcada, al comienzo por la cara norte que va girando hacía el sur en sus tramos finales. En invierno, la nieve añade esbeltez, inclinación y dificultad a todas sus caras.

La ruta descrita, a partir del refugio, es monótona y aburrida, por lo que proponemos otras alternativas muy interesantes, desde el punto de vista paisajístico y que no tienen ninguna dificultad.

Una, parte del refugio de montañeros que el Club Espiguete tiene en Cardaño de Arriba. El Pico de la Dehesa, promontorio saliente del Cerro del Sillar, queda arriba y enfrente del pueblo, punto que tenemos que alcanzar, buscando a derecha o izquierda la mejor ruta. Puede que la masa arbórea concentrada al principio de esta ruta y más arriba los brezos nos intimide y hasta nos haga desistir, pero se puede ascender bien y sorprenderá gratamente la extensa masa arbórea de serbales de cazador, abedules y otras especies que vemos o entre las que pasamos ( si se pueden evitar, mejor), y que en algún punto puede cerrarnos el paso, existiendo siempre alternativas. ( En época de mucha agua, hay que salvarla). Superada esta parte más cerrada por la vegetación, se camina bien entre las calvas entre brezos, por senderos de animales hasta alcanzar el collado del Pico de la Dehesa. Desde aquí y hacía la izquierda superamos un fuerte pero breve repecho que nos conduce al Castillo, elevación rocosa que le dá nombre, donde existe una breve pedrera formada por grandes bloques de roca.

Ya estamos a buena altura lo que nos permite una amplísima visión. A nuestra izquierda –en el sentido de la marcha- y próxima, abajo en el valle, la senda del Arrilla, un poco más allá, el Mazobres y la imponente cara norte del Espiguete. A la derecha, el Valcabe y su hoya superior, llamada Cerezuela, con sus inclinadísimas paredes y toda la alta cuenca que forma desde el Pico Murcia (al que ya no perderemos de vista), hasta el Pico Curavacas, pasando en un gigantesco tobogán, por la línea de cumbres que forman, el Pico Caburdias o Zahurdias, Peñas Malas, las Guadañas, las Cuartas y las Lomas hasta el pespunteado dédalo rocoso de las Agujas de Cardaño. Se cierra el semicírculo con Tres Provincias, el Tio Celestino, el Ves, y por Hoya Contina y la Curruquilla hasta las cumbres (tres) del Curavacas.

Desde el Castillo ( 2.026 m.) progresamos ya cómodamente por una ancha loma de hierba y canchales hasta el punto más próximo al Alto de la Hoya de Martín Vaquero, donde, giraremos a la derecha para iniciar el último fuerte repecho que por una senda marcada nos conducirá a la cumbre del Pico Murcia.

Todo éste recorrido es muy aéreo lo que nos permite una visión espectacular y muy distinta a la ruta tradicional a esta cumbre., en una marcha de 3 horas, aproximadamente.
Otra ruta, se inicia en el valle de Mazobres; , se llega hasta la primera cascada en 30 minutos,aproximadamente y se sigue ascendiendo por la margen derecha del arroyo(hay sendero) hasta alcanzar la segunda cascada, y poco más arriba se penetra en la espectacular Hoya de Martín Vaquero, muy poco conocida, por estar fuera de las vías normales para acceder a las altas cumbres. El tiempo aquí está parado. El ganado ya no busca este elevado rincón, donde un aprisco pone una bucólica estampa de primitivismo abandonado en medio de una pradería que reverdece unos altos manantiales, donde es fácil encontrar la genciana y otras plantas. Por encima de nosotros se cierra la visión a nuestro alrededor. Estamos en un verdadero hoyo. Por el norte, un muro de roca en cascada,verdinegro, como el componente que forman las paredes del Curavacas, nos corta el paso; por el sur, descenderíamos hacía el Mazobres y nosotros hemos de seguir ascendiendo al oeste, hacía las pedreras que han formado el Alto de la Hoya. Continuamos la marcha desde un corral de piedra, para ovejas, que se encuentra en perfecto estado, metiéndonos por debajo de la pedrera, en la “senda” que abre el agua en invierno. A nuestra derecha, por arriba, se abren dos grandes canales, muy inclinadas y con hierba cervuna muy resbaladiza, por donde se puede ascender, trepando en algunos tramos. El camino a seguir es el cauce formado en el deshielo, incómodo, pero seguro, hasta alcanzar la máxima altura, todavía por debajo del Alto de la Hoya..

De no ascender por una de estas dos canales, seguiremos de frente hasta alcanzar el collado formado entre el Alto de Cutulillos y el Alto de la Hoya.

En las dos rutas, alcanzado el Alto, dominamos de nuevo ya, el Pico Murcia y es muy evidente la ruta que hemos de seguir hasta la cumbre. Tranquilamente, se puede hacer en tres horas.

MIGUEL RUIZ AUSIN

PEPE PALOMINO: EL HOMBRE del CLUB

 

Seríamos injustos y quedaría incompleta la ya larga historia del Club – medio siglo-, sin el nombre y la persona de Pepe Palomino, referencia obligada e imprescindible, como creador e impulsor de un Club, al que le imprimió un carácter y una forma de actuar, que como si de una religión se tratara, ofrecía amistad y actividad saludable basada en el esfuerzo, todo en un ambiente familiar, donde cabían todos.

Corrían los años 50 y Pepe Palomino conoció la Montaña Palentina en su condición de contratista de obras públicas en distintas localidades de aquellos apartados lugares, donde las comunicaciones eran muy deficientes y los medios de transporte, escasos o nulos.

De Guardo hacía el norte, todos los caminos eran de tierra y polvo, no existía el pantano de Compuerto y todavía el pueblo de Valcobero malvivía de una escasa ganadería y de una rústica industria textil familiar, todo hoy desaparecido, salvo unas casas recuperadas para segunda vivienda. Valsurbio también, hoy desaparecido, tuvo una vida muy dura, alejada de núcleos de abastecimiento. Este panorama, bucólico si se quiere, pero duro y difícil, era el reflejo generalizado de los pueblos de montaña, donde en muchas casas los tejados eran de centeno y el suelo de tierra, y entre sus habitantes se daban con frecuencia uniones de consaguinidad que se hacía palpable en el aspecto físico. La luz no había llegado a muchos pueblos, o el suministro escaso y de baja potencia se generaba en pequeños saltos de agua con periódicas y sucesivas averías. Los domingos los mozos al ritmo del pandero, bailaban y entretenían su asueto
.
Pero las montañas estaban allí, indiferentes al monótono ritmo de vida de sus moradores; se cubrían del blanco manto en invierno que las hacían más atractivas, a la par que dificultaban la ya dura existencia de aquellos pueblos. El verano traía la actividad, se recogía la hierba para el invierno, la ganadería subía a los altos prados, donde los pastores en las largas noches tejían leyendas transmitidas por generaciones, y las canciones pastoriles resonaban en los valles con ecos ancestrales. Aquí también nació la palabra y pusieron nombres a las montañas, a los valles, a los arroyos, nombres que hoy usamos sin saber como fue su origen.

Pepe Palomino no era un montañero al uso moderno cuyo afán primero fuera alcanzar cumbres, ni su incorporación a esta actividad lo fue en edad muy joven. Subió a muchas montañas de las principales y conocía muy bien todo ese dédalo de montañas y valles que conforman todo el territorio de la Montaña Palentina y de otras sierras y comarcas del país, visitadas con su inseparable esposa y compañera, Marina Zarzosa.

Por su peculiar forma de ser, abierto y dialogante, trato cordial y extensa cultura, conectaba siempre con los nativos de los lugares que recorría, fraguando amistades que perduraron en el tiempo. Gustaba con todos compartir el pan y la sal – como a él le gustaba decir y escribir-, como elementos simbólicos de amistad y austeridad que preconizaba en todo. A ello contribuyeron sus largas estancias en el refugio de montaña que su hijo Pepe tiene en el valle de Cardaño, lo que le permitía mantener relaciones cordiales con todos sus habitantes.

Fue durante varios años el primer Presidente de la Federación Palentina de Montañismo, desde donde contribuyó a fomentar el montañismo provincial, que él entendía en primer lugar como forma de relación humana y luego deportiva, favoreciendo el desarrollo de los clubes de Aguilar de Campoo, “Los Águilas”, con su animoso Presidente al frente, Pedro Ruiz, y de Barruelo de Santullán, “Montañeros de Sierra Hijar”, cuyo Presidente, el más veterano de los montañeros palentinos y también el más longevo, Abilio Rodríguez Presa, desarrolló una envidiable actividad. Su sentido del honor y de la rectitud le hizo dimitir de su cargo, ante un acto de la Federación Española de Montañismo que consideró injusto.

Por su carismática hondura y seriedad unidos por la afición a la montaña, congregó a su alrededor en aquellos años y posteriores, a un grupo de personas, amigos ya, que con su bien hacer propuso la creación del Club, formalizando y tramitando los documentos necesarios ante el Organismo Oficial correspondiente, comenzando ya, como Club, las actividades deportivas debidamente programadas y publicadas en un boletín informativo, que fueron continuación de las que se venían realizando por un grupo de aficionados antes de las constitución del Club. Enseguida planteó la idea de construir un refugio en la montaña y para ello contó con el asesoramiento del Vocal Nacional de Refugios de Montaña de la Federación Española, Sr. Forasté, con quien trabó también amistad, facilitándole unos planos, que serían definitivos, y el resto de la documentación necesaria para solicitar la ocupación de un terreno público en Cardaño de Arriba, lugar que hoy ocupa el refugio. Su construcción se pudo llevar a cabo, todo bajo su iniciativa y dirección, mediante la aportación dineraria a fondo perdido y el trabajo personal de algunos socios y con un préstamo solicitado a la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Palencia.

Recogida en tres líneas la peripecia de la construcción del refugio, parece sencilla y hasta divertida, pero la realidad es que fue un testimonio de entusiasmo y trabajo, del que existen documentos gráficos.

La Junta Directiva del Club empezó reuniéndose un día a la semana en el Mesón San Bernardo (desaparecido) y posteriormente, en el Mesón del Concejo (también desaparecido). Los trabajos administrativos, elaboración de programas, redacción de circulares, correo…, se vino haciendo y durante muchos años al cierre de la jornada laboral, en la tienda propiedad de Alberto Gutiérrez, distribuidor de Olivetti en la Calle Mayor. En las reuniones del Mesón del Concejo surgió la idea de las Tertulias del Espigüete -el ambiente del lugar lo propiciaba-, las cuales durante 30 años y de forma ininterrumpida se han venido celebrando en distintos escenarios aunque ninguno como en dicho Mesón del Concejo, donde el espacio permitía la proximidad y el calor humano de una tertulia. Por ‘Las Tertulias’ han pasado a lo largo de los años los más destacados profesionales en el amplio mundo de las Artes, las Letras, la Arquitectura, Abogacía, Periodismo, Catedráticos en diversas ramas del saber, Músicos, Obispos, Poetas, etc, etc.

Precisamente este año 2012 hemos celebrado y conmemorado el XXX Aniversario de esta actividad, de la que Pepe Palomino fue su ‘alma mater’, hasta su fallecimiento hace ya 17 años.

Tan luctuoso suceso hizo que la Junta Directiva del Club, acordara la celebración anual de una actividad deportiva en su memoria, en la zona de los Cardaños, a la que él quería entrañablemente, llamándola ‘Memorial Pepe Palomino’ de que este año se ha cumplido el XVI Aniversario.

También como referencia visible de su gestión y exponente más claro del Club, de quien como se ha dicho fue su idea y su brazo ejecutor, el refugio propiedad del Club lleva su nombre.

Muchas más páginas se podrían llenar con los hechos destacados de Pepe Palomino relacionados con nuestro Club, pero excedería de la sola pretensión de hacer una sencilla semblanza de quien hizo posible la creación del Club y su continuidad en el tiempo, para recuerdo de todos.

Miguel Ruiz Ausin

 

 

 

 

 

 

 

Tertulias Espigüete XXV ANIVERSARIO

Nuestra Memoria Histórica

En el correr de éste año 2007, se cumple el XXV Aniversario de las Tertulias del Espigüete, aquellas que nacieron como una reunión semanal de la Junta Directiva del Club, y que se celebraban en el Mesón del Concejo, aquél entrañable lugar, hoy desaparecido, donde alrededor de una mesa y al calor de una chimenea - que a veces hacía humo -, se hablaba de todo en clave de palentinismo. Allí se fraguó la idea, propiciada por Pepe Palomino, siempre recordado, de invitar a personas que quisieran compartir conocimientos y saberes, en un espacio del Mesón que nos recordaban esas reboticas de la literatura popular, y con el único afán, nada más, y tampoco nada menos, de ahondar en el conocimiento de las cosas de nuestra tierra como fórmula sencilla de perfeccionar el amor que sentimos por ella.

Y funcionó la idea hasta el extremo de que en muchas ocasiones el espacio resultaba pequeño, las sillas no llegaban para todos, y la Mesonera Mª Jesús, siempre cariñosa y servicial, se las veía y deseaba para servir a todos, en invierno, unas suculentas sopas de ajo servidas en cuenco, a las que invitaba el Club.

Con el paso del tiempo, aquellas primeras tertulias de intercambio de pareceres, se fueron transformando en un pequeño foro cultural desde donde el invitado impartía conocimientos en un ambiente familiar.

Y así a lo largo de este cuarto de siglo, ininterrumpidamente, pasaron casi 250 personas como invitados protagonistas, procedentes de las más variadas profesiones y actividades: Abogados, Arquitectos, Catedráticos y profesores, músicos, pintores, poetas, escritores, periodistas, Obispos... y personajes populares conocedores de la historia grande y de la intrahistoria palentina. Muchos de ellos ya nos dejaron y queremos dedicarles hoy, un recuerdo imperecedero de cariño, pues además formaron parte eficaz y valiosísima de la trama humana de esta querida ciudad y provincia.

Por orden de intervención en las Tertulias, fueron:

Carlos Gusano Herrero. Abogado. Director de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Palencia.
Jesús Castañón Díaz. Misionero de las letras en Palencia con oficio de catedrático como le llamó Fernando Lázaro Carreter. Era asturiano.
Manuel García. Canónigo Magistral. Habitual contertuliano.
Jesús Ubeda. Ingeniero de Montes. Jefe de Icona.
Miguel Negrete. Médico y taurino.
Pacho Palomino. Coronel militar. Conocedor como nadie del Palencia ayer.
Felipe Calvo. Humanista palentino. Catedrático de Metalurgia. Primer español en al afamada Universidad inglesa de Cambridge. Tello Téllez.
Modesto Alonso Emperador. Catedrático de Matemáticas. Vicepresidente de la Diputación Provincial.
Domitilo Valverde. Escritor y Presidente de la Venatoria.
Mª Carmen Trapote Sinovas. Catedrática Filosofía y L. Tello Téllez, fallecida recientemente.
Jesús Mateo Romero. Médico. Tello Téllez.
Valentina Calleja. Directora Departamento Cultura Diputación. Tello Téllez. Licenciada Filos. y Letras. Tello Téllez.
Felíx Buisán Cítores. Periodista polifacético. Escritor y Poeta.
Pablo Cepeda, Funcionario. Profesor Derecho Univ. Valladolid.
Mariano del Mazo. Periodista en Las Cortes. Tertuliano excepcional.
Julio Gutiérrez Martínez. Catedrático de Matemáticas Instituto viejo.
Rafael Oliva. Capitán de la Marina Mercante. Nunca quiso navegar más que por las calles de Palencia. Prototipo ideal del artista bohemio y culto.
Pepe Diez. Industrial y palentino de pro. Intervino en la primera tertulia y en su primer momento fue repartir estampas de la Virgen de la Calle entre los asistentes, como un gesto simpático de identidad palentino.

Esperamos no haber olvidado a nadie.

Para los que siguen con nosotros, queremos en esta fecha tan especial, rendirles un homenaje de gratitud y afecto, pues sin su colaboración - como la de los que nos dejaron -, no hubiera sido posible cumplir años y haber sido testigos de excepción de este foro cultural.

Cerrado el Mesón del Concejo, fuimos admitidos y atendidos espléndidamente en el Figón de S. Miguel, y ahora en la actualidad, el Colegio de Arquitectos de Palencia, nos cede generosamente su magnífica sala de Actos, ya hace 3 años. A todos ellos nuestro agradecimiento y estima.

También recordar al Ayuntamiento de la ciudad, que cada año, puntualmente, nos apoya económicamente para celebrar estas Tertulias. Y a la Junta de C. y L. que con su generosa ayuda nos ha permitido celebrar este Ciclo de Conferencias, conmemorativas de este XXV Aniversario. A los Medios de Comunicación que siempre se hicieron eco de esta actividad cultural.

Y para terminar y no en último lugar, agradecer, como no, a los socios del Club, que puntualmente han acudido a esta cita y que nos han motivado para seguir en el empeño y a todos los muchos palentinos que fueron fieles seguidores. !Que sigamos cumpliendo años!

El Club Espigüete