EL CONDE DE SAINT SAUD

 

Juan Maria Hipólito Aymar d´Arlot de Saint Saud, francés, nacido el 15 de Febrero de 1853, residió en La Roche-Chalais, en el castillo de La Valouze, una espléndida mansión señorial. Formó parte de la llamada “Pléyade pirenaica”, uno entre los siete que formaron este grupo –como el número de estrellas de la constelación-, en el que todos cumplían las condiciones del prototipo de alpinista, que no eran otras que, primero, recorrer las montañas, y después escribir sobre ellas, todo lo cual debería hacerse a lo largo de años y años y no limitándose a alguna excursión esporádica.

Se licenció en Derecho y ejerció como juez en Lourdes durante los años 1878-1880 para acabar absorbido por sus aficiones, lo que le permitió su excelente posición económica.
Su vida transcurre entre trabajos en las cumbres y largas estancias veraniegas en el castillo familiar de La Valouze. Allí ordenaba sus observaciones, escribía sus libros, redactaba artículos para revistas montañeras y preparaba discursos para los múltiples actos alpinos, a los que era obligada su asistencia por su relación con el Club Alpino Francés y con otros Organismos del que fuera Secretario y Administrador.

El año 1877 acompañado de Schrader -uno de los siete de la pléyade- y desde Gavarnie asciende al Taillon, montando aquel el orógrafo, aparato de su invención con el que toma visuales y dibuja panorámicas en completa vuelta al horizonte. Allí mismo, Saint Saud aprende el manejo del aparato y como consecuencia, se pone la primera gran piedra de los futuros mapas del Pirineo español y de los Picos de Europa.

Prudent, coronel español y topógrafo con el que mantenía relación epistolar, le recomendó que sus conocimientos y aparatos los aplicara en el Pirineo español, más atrasado cartográficamente hablando que la vertiente francesa. Durante 12 años trabajó incansablemente, tras haber subido a 145 cimas, con 8.860 visuales, 2.375 observaciones barométricas, cientos de fotografías en placas de vidrio y 3.130 kilómetros de itinerarios.

Terminado su trabajo cartográfico en el Pirineo busca nuevos horizontes. En 1881 aprovecha una peregrinación a Santiago de Compostela para acercarse a Ribadesella, aceptando la invitación de un amigo y al pasar cerca de los Picos de Europa, grandes desconocidos entonces, queda intrigado volviendo los años 1890, 1891, 1892, 1893, 1906 (en dos ocasiones), 1907, 1908, 1924, y por último en 1935.

Durante muchos de sus viajes le acompañó su amigo Paul Labrouche, Doctor en Derecho y Archivero Paleógrafo, que le ayudó encargándose en parte de la redacción de los relatos de las excursiones. Como resultado en 1922 aparece el mejor y más extenso libro dedicado íntegramente a los Picos de Europa, publicación por la que la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara de Madrid concede a Saint Saud, en 1924, su primera medalla de oro. La traducción al español, así como el prólogo y otras notas aclaratorias, fue hecha el año 1985 por José Antonio Odriozola Calvo -que fuera Presidente de la Federación Española de Montañismo a la vez que el que esto escribe de la Federación Palentina de Montañismo-, y con el que mantuvimos relaciones cordiales. Era gran conocedor de las montañas palentinas pues su origen era lebaniego, y fue también miembro destacado de la UIAA (Unión Internacional de Alpinismo).

Su trabajo fue desinteresado y romántico, realizado a lo largo de una dilatada vida por un auténtico y ejemplar caballero de la montaña, quien nunca consideró a los Pirineos como línea divisoria de dos naciones sino como lazo de unión entre ellas.

Su inmensa labor fue reconocida primero por los pirineistas, que propusieron que el Grand Pic de la Combe de L’Ours (2.870 m.) se llamase Pico Saint Saud. El Servicio Geográfico del Ejército Francés dio también el nombre de Saint Saud a la cresta de Cuartaou, formada por tres cimas de 3.055, 3.060 y 3.075 metros.

En España y a propuesta de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara (de la que el Conde era Socio de Honor), se denominó Risco de Saint Saud a la punta que se destaca al NE de la Torre Cerredo, la cumbre más alta de los Picos de Europa, y cuya cima alcanzaron varios socios del club de montaña Espigüete de Palencia hace cuatro o cinco años.

Todo ello nos lleva a la conclusión de que Saint Saud tiene el gran mérito, indiscutible e indiscutido, de haber iniciado y terminado el estudio sistemático de los tres macizos de los Picos de Europa y de sus valles, ascendiendo a las cimas principales en varias ocasiones por primera vez, salvo el Naranjo de Bulnes que ni siquiera intenta.

Su extensísima biografía, a la par que su dilatada vida ya que falleció con 98 años en Burdeos el 13 de Febrero de 1951, da para muchas páginas y libros, pero para no hacer más extensa esta reseña vamos a hablar de su relación con la Montaña Palentina:

¿Dónde está el Espigüete?, se pregunta Saint Saud. No existen mapas de la provincia de León, provincia a la que suponía pertenecía el Espigüete ya que Valverde de la Sierra, punto de partida de la ascensión, pertenece a esa provincia. En alguna parte hacía el sur, en una región desconocida a la que llevan desconocidos caminos, la cima se divisa, a lo lejos, allá abajo, entre azuladas montañas.

Debe saberse la razón principal de su interés por esta cumbre: el Espigüete forma junto con Pico Cortés, Mofrecho, Mampodre y Peña Corada, los cinco puntos geodésicos, vértices de primer orden de los que conoce su altura y coordenadas (datos que le fueron facilitados por los servicios geodésicos españoles). Quería visualizar los Picos de Europa para hacer comprobaciones que le confirmaran la bondad de su trabajo en aquellas cumbres.

En su viaje de acercamiento desde Espinama relata las mil y una vicisitudes que pasa no solamente hasta Valverde de la Sierra, punto como hemos dicho de partida para la ascensión a Espigüete, sino hasta que después llegara a Aguilar de Campóo para tomar el tren que le llevaría, con trasbordo en Venta de Baños, a su país, Francia.

Sube el descarnado camino entonces del puerto de Pandetrave (1.580 metros), para desde allí descender a Castilla con unos acemileros y caballos que portaban toda la equipación, quienes le chantajearon continuamente para continuar el viaje hasta Aguilar de Campóo, ya que él consideró, erróneamente, que en Valverde habría caballerías y acemileros, y podrían retornar a su origen los primeros.

Empezaron la caminata en Posada de Valdeón, siguiendo por Santa Marina, Pandetrave, Portilla de la Reina, Barniedo, Siero y Valverde de la Sierra. Hacen noches en Portilla y Siero, destacando las malolientes posadas, la escasa comida que siempre tenían que suplementar con sus conservas, la falta de sábanas y la lentitud, la eterna lentitud de los españoles para todo. En Siero, eso sí, desayunan un exquisito chocolate “que es el mejor de los manjares españoles”.

Llegando a Valverde comprueban que allí nunca hubo caballerías y tienen que negociar de nuevo el precio de la continuidad de los acemileros y sus caballerías. Contratan un guía en Valverde, llamado Tomás, y alcanzan el collado de Arra con todo el equipaje llevado por las caballerías (aquí hace un inciso en el relato para contar la bucólica estampa de las jóvenes segadoras, entre las cuales había una que se había casado el día anterior). Cuando se conoce entre el guía y los acemileros que van a pasar la noche en la cumbre del Espigüete, se niegan por temor a los rayos y a los fuertes vientos. Afirma categórico Saint Saud que nadie cobrará sino es así.

Se llega a un acuerdo, se selecciona el equipo a llevar a la cumbre entre el que se encuentra una tienda y los aparatos de comprobación, y el resto se queda en el collado con las caballerías.

Tomás, el guía, desde el collado quiere hacerles perder altura por buen terreno para, llegados por encima de la Sima del Anillo, meterse en el corredor norte -todavía con mucha nieve-, y desde allí alcanzar la cumbre, la misma ruta que ocho años antes hiciera Valbuena y que el cura de Valverde bien conocía; sin embargo, Saint Saud y acompañantes, pensando abreviar flanqueando, cruzan por los tremendos desplomes llenos de grietas entre la pared de la montaña y un callejón lleno de nieve, lo que les conduce al mismo sitio que les llevaba Tomás pero con un desgaste y un esfuerzo tremendo. Superado éste obstáculo alcanzan la cumbre con dos de los tres acemileros –uno descendió al collado-. Allí arriba montan la tienda amarrando los vientos al vértice geodésico e iniciando las comprobaciones topográficas y barométricas pertinentes, tanto al anochecer como al amanecer. Una vez realizado todo lo previsto consideran factible descender por la cara sur, por lo que los acemileros con la carga descienden al collado de Arra por el mismo recorrido de la subida, para tomar las caballerías y rodeando la montaña por su cara oeste, ir al encuentro de Saint Saud y Labrouche que les esperaban al pie de la cara sur. Desde aquí y por el profundo valle del Río Chico –seco la mayor parte del año-, alcanzaron Cardaño de Abajo.

Aquí de nuevo surgen los conflictos con los porteadores que quieren volver a su casa. Al no haber encontrado recambio de caballerías, pues el posadero de Cardaño que es poseedor del único caballo se alinea con aquellos y no lo cede, deben entrar de nuevo en subidas de precios si quieren llegar hasta Cervera de Pisuerga donde saben que terminarán sus problemas.

Contratan un guía en Cardaño que les lleve hasta aquella localidad, y no se conoce muy bien el camino que recorren ni por qué pueblos pasan, a los que no hacen referencia en su relato, sabiendo que en 1882 todavía el pantano de Camporredondo no anegaba los valles por donde sin duda discurrirían los caminos y sendas, hoy cubiertos por las aguas.

En Cervera se quedan en la posada del “escudo de los calderos de oro”, donde les reciben y les tratan muy bien, con exquisita cortesía y buena y abundante comida. Al día siguiente después de comer toman la diligencia que les llevará a Aguilar de Campóo, donde cogerán un tren que con trasbordo en Venta de Baños, les llevará de vuelta a su país, Francia.

Miguel Ruiz Ausín

ANTONIO de VALBUENA

 

Desde mi punto de vista, destaco éste personaje no sólo por su relación con la Montaña Palentina y por su ascensión al Pico Espigüete en Agosto de 1.884, una de las primeras subidas a dicho Pico de las que se tiene constancia, a excepción de otra efectuada 25 años antes por el coronel Ibarreta quien mandaba una comisión militar haciendo triangulaciones geodésicas por el país, y construyendo una torre en la cumbre, que el tiempo destruiría. Por mejor decir fue en el año 1884 donde hizo una tentativa frustrada, ya que una tormenta de granizo y aparato eléctrico les hizo desistir cuando estaban a punto de lograrlo. Sería dos años mas tarde, en que acompañado de otra persona (una tercera desistió ante el relato del cura de Valverde de la Sierra, de la experiencia negativa del año 1884), con un equipo más ligero y con un ánimo más dispuesto a lograrlo.

El otro dato que también quiero destacar más adelante y para lo que me voy a servir del prólogo hecho al libro titulado “Caza Mayor y Menor”, del que es autor nuestro personaje, fue hecho por José Manuel González Torga, periodista y profesor universitario, y que recoge de una forma crítica y descriptiva el perfil de nuestro hombre. El libro ha que hacemos referencia, se editó en Madrid el año 1913.

El relato al que voy a referirme, está sacado del libro ya indicado, “Caza Mayor y Menor”, edición facsímil, que comienza en su página número 169 y que subtitula “una ascensión a Espigüete”

Voy a contar aquél primer intento de ascender al pico Espigüete en l.884. El personaje y cuatro amigos se personan en casa del cura de Valverde de la Sierra con caballerías y víveres para varios días, pues su intención es dormir al aire libre y recorrer la montaña, aunque también van dispuestos y preparados para jugar al tresillo, y de hecho, el primer y único día de su estancia, ya que la tormenta terminaría con sus propósitos, al llegar al Collado de Arra, a las 10 de la mañana deciden por mayoría, jugar unas partidas antes de comenzar a subir en serio, pues hasta el citado collado, las caballerías hicieron el mayor esfuerzo. Después de varias partidas , deciden comer y cuando se disponen a andar son las cuatro de la tarde,” un poco tarde” para iniciar una ascensión como la del Pico Espigüete, y de la que estoy seguro que ni conocían un itinerario seguro, ni suponían cuanto tiempo podía llevarles arriba. (Creo que la referencia que podían tener, era de las personas de Valverde de la Sierra, que 25 años antes acompañaron al coronel Ibarreña a la cumbre, transportando materiales y agua para construir el punto geodésico).

Desde el Collado de Arra, dando la vuelta a la cara que mira a Valverde, bajaron a una “valleja muy profunda llena de nieve acumulada desde el año siguiente al del Diluvio Universal”, y cuando la atravesaban, unas gotas de agua como avellanas, empezaron a caer de una nube que, tapada por la montaña no habían percibido. Como parecía haber pasado la nube, siguieron subiendo una media hora más, pero la oscuridad del cielo les advirtió de que no había sido así, sino que comenzó la lluvia de nuevo y les hizo retroceder hasta el collado donde se guarecieron como pudieron. La tormenta fue aumentando con gran aparato eléctrico “que hacía rodar las piedras por las cortaduras de la montaña”. Los caballos asustados se habían acercado a ellos, y tomándolos del ramal iniciaron precipitadamente la bajada por un camino convertido en arroyo con el agua hasta las rodillas.

Poco después pasó la nube, se despejó el cielo quedando una hermosa tarde cuando entraban en la casa rectoral de Valverde de la Sierra. Ni que decir tiene que a ninguno le quedó ganas de repetir el intento al día siguiente.

Pasado el susto, a los dos años, a solicitud de dos amigos distintos a los del primer intento, decide emprender otra tentativa.

Salen de Pedrosa del Rey en Agosto y a las dos horas están en Valverde de la Sierra punto de partida. En este punto del relato hace un inciso para informar como medio año más tarde, ardía todo este pueblo de “punta a cabo”. Comenta también como gracias a ese hecho, el que antes era un pueblo viejo y feo, con los tejados de paja y como, también a la caridad y ayuda de los pueblos convecinos, es un pueblo nuevo y alegre, con las cubiertas de teja.

En esta nueva expedición llevan, un buen anteojo y un barómetro de bolsillo para comprobar las alturas y sin más víveres “que un pedazo de pan, un chorizo, que nada tenía que envidiar a los extremeños, y unas botella de vino que varias veces añadimos con nieve”.

Subieron hasta el Collado de Arra a caballo como la vez anterior. En la valleja próxima al collado, la mucha nieve depositada en aquella nevera natural, a la que el Conde Saint Saud, llamaría en la elemental cartografía que levantó en su ascensión el año 1881, “nevero perpetuo”, había servido durante muchos años, como un elemento de riqueza a los vecinos de Valverde de la Sierra, quienes sacaban la nieve helada hasta el Collado de Arra en costales, y desde allí lo bajaban en carros poco cargados al pueblo, cargándolo en gran cantidad, bien envuelto en mantas, andando de noche y descansando de día a la sombra, lo llevaban a Palencia y Valladolid para abastecer los cafés en el verano, “realizando considerable ganancia”

En su relato, no da ningún detalle sobre el recorrido de la ascensión. No obstante, se deduce de lo dicho, que la ascensión debía iniciarse en la valleja del “nevero perpetuo”, a través de unas grietas a modo de pequeño corredor, que nacen en las paredes que conforman el pequeño circo que forman la valleja, ó bien, descender por la valleja hacía el Corredor norte y por allí ascender hacía la cumbre. No tengo nada claro el recorrido, sí que desde la cumbre ve un excelso panorama en todas las direcciones; “hacía el Occidente se divisan las torres de la catedral de León, no viéndose el resto del edificio ni la ciudad, por estorbarlo las cuestas de la Candamia”. Esta afirmación me parece una tremenda exageración.

Y ya como prometí, lo más jugoso del relato y de la vida de nuestro personaje está contenido en el prólogo al que hice referencia y del que entresaco:

En 1999, Antonio de Valbuena (1844-1929) figuraba en un libro que supuestamente reunía una selección de extrañísimos autores. Raro, puede ser; pero por encima de todo, personaje interesante. Recordarle era algo positivo aún cuando lo justificase un género de extravagancia como factor determinante de aquella selección.

La rareza, claro, es relativa. Uno oyó hablar de don Antonio de Valbuena, en casa, desde la infancia. Le resultaba, por tanto, casi familiar. Como para tratar de coleccionar sus obras, desde los “Ripios geográficos” hasta los dos tomitos de “Agridulces políticos y literarios”

Valbuena, polemista fogoso, tuvo muchos detractores, como corresponde a quien cultiva la crítica con recursos de virtuoso. No obstante, otros tantos, sino más, han reconocido su sensatez y su calidad. Leopoldo Alas “Clarín” contó con su firma (“¡Cómo se escribe¡”. Madrid Cómico, 4-6-1.898) en la revista donde ya le había invitado a colaborar Sinesio Delgado

Heterónimos de Antonio de Valbuena fueron Juan Paseante, Venancio González y Miguel de Escalada, aunque el apodo que le aplicaban en su tierra era el de El Melladín de Pedrosa, por un corte labial congénito.

A partir de su formación humanística de seminarista en León y la carrera de Leyes en la Universidad Literaria de Vitoria alternó dedicaciones periodísticas y jurídicas.

En la tercera guerra carlista llegó a desempeñar el cargo de Auditor General del Ejército tradicionalista, credo que siempre profesó.

Como periodista fundó, en León, “El Fénix” y “Perogrullo”. Dentro del País Vasco dirigió “La Buena Causa”, en Vitoria; y “La Voz de Vizcaya”, en Bilbao. Por su activismo carlista sufrió dos etapas de destierro en Francia.

Colaboró, afincado en Madrid, en las páginas de “El Siglo Futuro”, “El Progreso” y “Los Lunes del Imparcial”. Una parte importante de sus libros, como ocurre con “Caza mayor y menor”, procedía de la publicación anterior en la prensa

Antecesor de Lázaro Carreter, de Luis Calvo, y hasta de Evaristo Acevedo, en el rastreo de disparates gramaticales, gazapos y ripios, para ponerlos en la picota, sus artículos llegaron a ser tan leídos como bien remunerados. Las reediciones de sus libros y la publicación de sus obras completas ponen de manifiesto, así mismo, cómo este temido aristarco contaba con un público amplio y adicto.

El célebre –celebrado y denostado- autor leonés, nacido en Pedrosa del Rey, pasó años en la Villa y Corte, habitando una celda de la iglesia de San José, en la confluencia de Alcalá y Gran Vía, donde desempeñaba sus funciones pastorales un sobrino sacerdote. Allí le visitaba mi padre, Miguel González, por entonces estudiante de Derecho; repetidas veces le oí contar cómo había adornado el escritor y paisano montañés el lomo de su ejemplar del diccionario docto por antonomasia con este tejuelo original: “Almacén o zurrón de majaderías de la Real Academia Española”.

Valbuena, en su terruño, practicaba la afición a la caza. Esto le permitió poner broche a su producción literaria con la obra tan comentada “Caza mayor y menor”.

Además su bagaje y erudición como cazador no van a la zaga de su dominio de la redacción. El conocimiento y hábitos, de las palomas y características del comportamiento de los faisanes, hasta llegar a contradecir al Larousse y a algún zoólogo.

Admira la inteligencia del oso así como su refinado paladar. El pequeño pueblo de Éscaro, luego engullido por el pantano de Riaño, queda señalado como el terreno donde, por entonces, más osos se cazaban.

Uno de los capítulos de lectura más emotivos para quienes hemos recorrido el valle de Valdeón (entre los que me encuentro), tras haber escuchado describir sus sorpresas años atrás, lleva por título “El pozo de los lobos”. El chorco supone una auténtica reliquia histórica. Algo que evoca un sentimiento ancestral.

El gusto por la caza queda plasmado a lo largo y lo ancho de esta obra, transitando entre exposiciones y narraciones. Entre el sentimiento personal del autor y su erudición. Siempre para el disfrute del lector atraído por el tema. León contó, al respecto, con la revista “La Venatoria” para cazadores y pescadores. Ese leonismo, culto y ejerciente, justificaron el nombramiento de Cronista Oficial de la provincia.

Valbuena poseía, sin duda, un pliegue de cazurrería dentro de su alma insobornable de montañés apasionado.

Hasta aquí y para terminar, la trascripción del periodista y profesor universitario José Manuel González Torga.

Y ahora una referencia a las obras escritas por nuestro personaje:

Ripios aristocráticos.
Ripios académicos.
Ripios vulgares.
Ripios ultramarinos.
Fé de erratas del Diccionario de la Academia.
Des-trozos literarios.
Agua turbia. Novela.
La Condesa de Palenzuela. Novela Rebojos (zurrón de cuentos humorísticos)
Parábolas.
Capullos de novela.
Agridulces políticos y literarios.
Historia del corazón.
Idilio.
D. José Zorrilla. Biografía crítica.
Pedro Blot. Cuentos de afeitar. Edición ilustrada.
Sobre el origen del río Esla (con un mapa)
Miguel Ruiz Ausín

LUIS GARCÍA GUINEA

Nació en Saldaña en el año 1915. Estudió Derecho en Deusto y Valladolid, y preparó las oposiciones a Notarías, siendo el número uno de la promoción del año 1944.

Ejerció la Notaría en Cervera de Pisuerga durante once años, durante los que recorrería las montañas palentinas ascendiendo a sus principales cumbres; allí abriría una nueva vía en la Cara Norte del Pico Curavacas conocida como “la Senda del Notario”, vía que, superada la Huerta Grande, comienza por una fractura de la pared que hay que escalar y que se repite en varios puntos más arriba de la ascensión. En invierno, con nieve, la dificultad se extrema y hay que usar crampones, piolet y cuerda para superar ciertos pasos.

También ascendió a las principales cumbres de Cantabria conociendo mucho y bien la Sierra de Peñalabra y todas sus cumbres, ya que su familia poseía una casona en Naveda, pueblecito próximo a Reinosa y por ello cercano a esta Sierra. Aquí se encontraba pasando el verano con su familia al estallar la guerra civil, teniendo que huir de noche atravesando la Sierra, por el Sel de la Fuente y luego subiendo la alta cresta de la Verdiana para bajar a Los Redondos pasando por la Cueva del Cobre. Este recorrido lo hace en una primera ocasión días después del Alzamiento, acompañando a unos familiares y regresando a continuación a Naveda; meses después huirían él mismo y otros familiares y amigos por el mismo recorrido ante el temor de represalias. Llega a San Salvador de Cantamuda y desde allí se dirige a Palencia donde se alista como voluntario, haciendo su primer contacto con el frente de guerra en el Monte Bernorio el 29 de noviembre de 1936.

Precisamente aquí, en el Monte Bernorio, tuve la ocasión de participar en unas excavaciones arqueológicas patrocinadas por la Diputación Provincial de Palencia y dirigidas por el catedrático valenciano Valerio Sánz Parisí, junto con Ignacio Ruiz Loinaz, Hermegildo Manso Arconada, José Luis Queipo de Llano y alguien más que ahora no recuerdo.

Subíamos todos los días al Bernorio desde Aguilar en una camioneta que nos dejaba en Villarén. Desde aquí, andando, a la cumbre. Allí colaborábamos con un grupo de catedráticos y estudiantes que analizaban con minuciosidad cualquier resto o vestigio que excavaba un grupo de obreros que abrían calicatas donde les indicaban. Allí pude comprobar cómo toda la vertiente norte de la corona del Monte Bernorio era una continua trinchera y entre ella había una casamata hecha de piedra y cemento (ahora sé que ese espacio era el “parapeto de la muerte”). Toda esa trinchera estaba llena de latas de sardinas oxidadas y casquillos de balas de fusil.

Desde estos primeros momentos de la Guerra Civil y hasta que se licenció en el año 1940, nuestro personaje escribió un diario con el título “Diario de Guerra. Un Paréntesis de Tres Años (1936-1939)”, publicado en el año 2005 por la Editorial Cultura y Comunicación, en el que nos relata toda una serie de vivencias y emociones en la vida cotidiana de los soldados en diferentes frentes. Un relato de gran humanidad, convertido en un documento histórico.

El prólogo de la publicación, de su hermano Miguel Ángel quien es autor a su vez del libro titulado “El Románico Palentino” y con el que los palentinos de mi generación aprendimos que en nuestra provincia existía “la mayor concentración del Románico en nuestro país”, fue escrito a escasos metros de la trinchera de El Moral, cerca de Pomar de Valdivia, donde también estuvo su hermano.

Relata éste que su hermano era un sentimental y un enamorado de la vida que pronto vio truncados sus sueños pues, con sólo 20 años, vive peripecias impresionantes, desde su huída por los montes para no ser asesinado, a su primera guardia en el “parapeto de la muerte” en el Monte Bernorio, o su encuentro con los muertos en el parapeto del Moral, donde recogen doce cadáveres. Termina el prólogo con unas palabras de su hermano: “Mira Miguel Ángel, yo en la guerra viví cosas horribles que nunca creí pudiera hacer el hombre, pero también, en contraposición, amistades heroicas que jamás logré en la paz”.

El “Diario de Guerra”, de 130 páginas en formato mediano, se lee cómodamente. Es un relato sencillo, humano y directo, sin retoques, como surgió espontáneamente el día que se escribió. En la lectura se palpa el estado de ánimo del autor y las circunstancias que le rodean; se desprende claramente que es una persona fuerte, animosa, muy sensible y con un amor sublime a la libertad que en él es casi sinónimo de soledad, cuya quintaesencia está expresada en otro de sus libros, “Hoyo Sacro”, del que hablo más adelante.

De familia acomodada, él mismo relata cómo se valora una buena comida, ropa limpia y cama confortable después de haber padecido en las trincheras penurias y extremas necesidades. En Junio de 1937 ingresa en la Academia de Alféreces Profesionales de Granada, donde logra la estrella de Oficial, siendo destinado a distintos lugares a los del Norte de Palencia y Sur de Cantabria (Vitoria, Madrid, Ávila, etc.).

Al conocer yo que era autor del libro “Hoyo Sacro”, al que he hecho referencia, sentí la curiosidad de leerlo, teniendo que remitirme para ello hasta la Biblioteca de la Universidad de Cantabria, donde figura bajo la referencia NM 65173 NR 86890.

Primero decir que el nombre “Hoyo Sacro” viene de un lugar al pie del Pico Tres Mares, en la Sierra de Piedra Hita, donde nuestro personaje se construyó una cabaña que se inauguró el 18 de julio del año 59; entre los asistentes estuvo Miguel del Pino, oficial de la notaría en Cervera y después compañero mío en la Caja de Ahorros de Palencia. Al año siguiente, en agosto, se reunieron allí 82 personas. Hubo misa y bendición de la cabaña. Estuvo todo el pueblo de Naveda de romería, con bailes campurrianos y panderetas. Fue el primer refugio construido en toda la Sierra, después, surgirían muchos más.

Las páginas de este libro son “un extracto, más bien casi una trascripción, del álbum o cuaderno conservado en la cabaña desde su construcción, en el que gran parte de los que pasaron horas o días en la cabaña han escrito sus impresiones”. Es un permanente canto a la soledad, al silencio entre la niebla y la nieve en invierno, a la lectura tranquila, sosegada y profunda, y entre ellos a Soren Kierkegaard, filósofo y teólogo danés del siglo XIX, de quien entresaca:

“…la mayoría de los hombres están hoy tan carentes de espíritu, tan abandonados de la gracia, que la pena no les impresiona. Aferrados a esta vida se convierten en una nada; su espíritu es un derroche inútil”. O también: “…¡qué sátira tan tremenda en los tiempos modernos es el ver que la única aplicación que se da a la soledad es en calidad de castigo: la prisión¡ ¡cuán diferente de las épocas en que, aunque la vida terrenal fuera mundana, se creía en la soledad del claustro y se la honraba como lo más elevado, como a la determinación de lo eterno¡”.

Nuestro personaje anota en su cuaderno muchas reflexiones: “pienso en la abismal diferencia entre este aislamiento voluntario y el fárrago atormentador de las ciudades entre ruidos, humos, masas anónimas de gentes que, como decía un viejo sacerdote campurriano, no saben de dónde vienen ni adónde van”.

Escribe, cómo no, de esos dos magníficos momentos del día en plena naturaleza: …”los dos, amanecer y atardecer, están llenos de poesía y encanto, pero el amanecer es menos lírico. Es alegre, radiante y bello; la vida rompe con la luz, la naturaleza se enciende con vitalidad, como todo lo que nace, como todo lo nuevo. El amanecer es, pues, armonioso y brillante espectáculo, pero espectáculo, belleza externa, palpitante y tangible. El atardecer es más íntimo: naturaleza en reposo, en meditación, cansancio del día que dejó de latir, pues el único latido que queda es el del silencio”, (aprovecho para incluir aquí el principio del poema “Amanecida en Peña Labra” de nuestro poeta Paco Vighi, donde sintetiza tan magistralmente el amanecer: “Saluda el primer trino a la última estrella…”).

Junto con otros amigos, en julio de 1965, intenta descender por el sumidero del Sel de la Fuente (verdadero nacimiento del Río Pisuerga) pero la escala que llevan resulta insuficiente y tienen que conformarse, una vez más, con entrar en la Cueva del Cobre.

En octubre del año 1974, con 60 años de los de entonces, sube al Curavacas por “su vía”, nevándoles en la cima. Al regreso se quedaron a dormir en la Cabaña de Honorio, a quien tuvimos oportunidad de conocer Ángel Ramos, Luis López de Abechuco y yo, en julio de 1971. Honorio era todo generosidad y su aspecto no era el de clásico pastor, aunque cuidaba una cabaña ganadera por los alrededores del Lago Curavacas. Me dio la impresión de que había buscado este refugio terrenal por alguna razón.

Otra de las anécdotas que relata García Guinea, es cuando éste alcanza en una ocasión junto con otros, el Cuchillón a las doce de la noche en punto, hora prevista para quemar en la misma cumbre un paquete de cohetes.

También narra sus buenas relaciones con los pastores extremeños que cada verano llegan a estas latitudes con su ganado, y con los que comparte en muchas ocasiones café y coñac. Relata la fidelidad del perro “navarro” que estuvo velando día y noche una oveja herida, caída en un tajo, hasta que la recogieron los pastores. Cuenta también cómo permaneció varios días incomunicado por la nieve en el chozo, y cómo se le acabó la leña que reponía todos los veranos teniendo que serrar las columnas de las literas, que eran de roble, para mantener el fuego.

El año 1977 es el último en que relata sus visitas al chozo y me sirve a mí también en este punto para terminar estas pinceladas que no han pretendido más que relacionar a este personaje con la Montaña Palentina, ya que estoy seguro que, en otros foros, habrán estudiado y dado a conocer su personalidad rica y profunda, y también su obra escrita aquí no tratada: la poesía principalmente y sus colaboraciones en los medios de comunicación.

Y acabo con otro de sus pensamientos escritos: “Indudablemente me atrae esta soledad, entregarme a este completo silencio que me espiritualiza y produce algo semejante al éxtasis”:

Miguel Ruiz Ausín

JUAN DIAZ CANEJA

pmayor

 

Nació en León el 5 de Febrero de 1.877, aunque a los 6 años vino a Palencia con sus padres, donde hizo sus primeros estudios. Estudió Derecho en la Universidad de Oviedo donde uno de sus profesores fue Leopoldo Alas “Clarín”. Se casó con Cirila Betegón, una dama palentina hija de un terrateniente, que desaconsejaba éste enlace matrimonial, por no ser Juan terrateniente, pero al fin cedió cuando el futuro yerno le defendió en un pleito con brillantez. La boda se celebró en 1.905, naciendo su hijo Juan Manuel Díaz Caneja en 1.907, el que sería famoso pintor, a cuyo recuerdo por su obra se constituyó en Palencia una Fundación que lleva su  nombre y en cuyo Museo se expone permanentemente gran parte de aquella obra.

Juan era hijo de D. Domingo Díaz Caneja y Díaz Caneja, natural de Oseja de Sajambre (León) y de Dña. Josefa Candanedo y Carrandi, natural de León.

Su padre, Domingo, era Licenciado en Derecho Civil y Canónico y Secretario por oposición de la Diputación de León. Al parecer por ideas políticas pasó con ese mismo cargo a Palencia en 1.883. Su hijo Juan tenía 6 años.

Abogado, periodista y Diputado en Cortes, en 1.925, por sus cargos políticos, se vio obligado a trasladarse a Madrid.

A raíz de su muerte, José Alonso de Ojeda, Director y Gerente del Diario Palentino, trazaba una bella semblanza del “mejor cantor lírico  de las cumbres y paisajes palentinos”.

Figuró entre los abogados españoles más distinguidos. Fue Gobernador de Santander en aquellos veranos en que la Corte tenía su regia Residencia en el Palacio de la Magdalena. Brilló en el Parlamento como orador. Ocupó algunas Direcciones Generales. Se declaró siempre monárquico, aunque no siempre dinástico.

Su obra literaria es amplia y variada en temas y contenidos y queremos destacar entre ella, por su propia esencia y relación con la Montana Palentina, las obras tituladas “Cumbres Palentinas” y “Josef el Santero”.

Con carácter enunciativo, solamente, relacionamos el título de los capítulos que componen el primero de los libritos, pequeño en formato pero con un contenido muy jugoso y que da idea exacta de lo que se trata en cada uno de aquellos: Cumbres Palentinas: 1)Hacía Curavacas. 2) De Velilla a Triollo. 3) Camino del lago. 4) En lo alto del Curavacas. 5) El zagal de Lebanza. 6) La muerte del águila. 7) La caza del rebeco. 8) En el lago del Curavacas. 9) Tormenta. 10) De la cumbre al llano. 11) Hacia el Espigüete.

El libro de Yosef el Santero

El título de Yosef el Santero hace referencia a un hombre de arrogante estampa y prestancia con anguarina y bordón: traía en la mano una urna en la que guardaba la imagen de una Virgen a la que llamaba “Virgen de la Luz”. El relato se desarrolla en la Venta del  horquero ese lugar en el que los trajinantes y caminantes pasaban la noche en sus desplazamientos largos y donde se transmitían oralmente conocimientos y sucesos “al amor de la lumbre”.No quería, ni por caridad, cama y dormía en el  pajar. Iba camino de Tierra Santa.

El título de los capítulos de esta pequeña pero interesante obra, son los siguientes:
I. Laurel, Laurel. II. La Venta de Santa Lucia. III. Yosef el santero. IV. El cochero de Potes. V. Mirlo. VI. Mando y tralla. VII. La Venta del Roquero. VIII. Peña Labra. IX Historias y golondrinas. X. Acción y contemplación.

Espigüete.

Tierras Serranas: I. Camino de la Sierra. II. El ímpetu de la guerra. III. Ana Maria: se trata de una vieja sarmentosa, que mientras añadía brezos a la lumbre, contó la leyenda del pozo de Curavacas, la que cuenta que todo lo que se acercaba a sus orillas, se lo tragaba. Por eso nuestro personaje, cuenta que cuando él, montado en un esquife que fue llevado a hombros hasta el pozo, se montó y lo cruzó, ante el temor de los asistentes (los que habían llevado el esquife hasta el pozo), que le rogaban que no lo intentara, no solamente se acabó la leyenda, sino que también coincidió con la muerte de Ana Maria.

También contaba la leyenda del moro que se prendó de una cristiana, que en su marcha hacía la Liébana, se acercaron a la orilla del lago y la cristiana se cayó y la tragó y el moro anduvo errante por la montaña hasta que se convirtió al cristianismo.

IV. Leyendas y Sierpes. V. El lago de Curavacas.

Merece la pena leer esos dos pequeños libritos, pues su lectura nos traslada a una época, ya desaparecida, pues los pueblos están despoblados, o sin gente joven que eran quienes daban vida y llenaban de contenido estos remotos lugares, acumulando unas experiencias que se trasladaban de padres a hijos y que les permitía vivir en un mundo “feliz”, con escasísimos recursos y  sin apetencias  de lo para ellos desconocido.

En las dos obras indicadas existe una temática variadísima y amplia sobre la montaña palentina y sus gentes, en una mezcla variopinta, sobre leyendas, cacerías, ascensiones, relatos populares, etc. Etc..

Su obra más antigua data de 1902, titulada “Vagabundos de Castilla”, librito de 67 páginas, donde relata la miserable vida de mendigos y quinquilleros, referido a una familia-tipo, padre amancebado con una mujer más joven y una hija de 17 años que usa para su beneficio económico y de la que dice que “él no la dio el oficio”, y otro hijo de 10 años.

Es una monografía que encarna  el mendigo quinquillero vagabundo que recorriendo los pueblos de esta provincia (Palencia) y las vecinas se dedica en determinadas fechas a la lucrativa ocupación de sostener el buen ánimo de los que frecuentando mercados y pobres ferias, tratan de ganar en los juegos que el quinquillero coloca en medio de la plaza. En los demás días “no feriados”, su industria consiste en implorar la caridad pública y en algunas fechas, compone por módico precio, loza quebrada, paraguas,  etc. Etc.

Otra novela titulada “La Cumbre”, editada en Madrid en 1908. Está prologada por Francisco Acebal que termina su trabajo con una queja fundada en que ya no existen “narradores”, de la vida rústica leonesa. La acción transcurre sobre el pueblo de Arcenorio (Ponga), habla de Peña Santa y Pico Jario.

Otra obra de1909, se titula “Apuntes sobre la emigración castellana”, muy interesante, de entre la que entresaco un párrafo de la página 25, donde dice: …. Los antiguos pueblos griegos que emigraban a buscar nuevas tierras, con el pueblo emigrante iban los Dioses y en maravilloso cortejo triunfal, caminaban las leyendas y en la extraña tierra se edificaban los templos a Minerva, y el sagrado fuego del destierro impuesto por la salud de la patria, una patria nueva con las mismas leyes y tradiciones que ataban al emigrante con el suelo y hacían de este una parte más de aquella. Esta parte del relato, me recuerda,  al antiguo pueblo  de S. Andrés de León, recogido en la leyenda del “Carretero de Llánaves”, que al abandonar su pueblo sus últimos habitantes,”llevaron consigo sus santos y sus muertos”.

Sigue el relato anterior después de esta digresión, ……era la Comunidad de afectos y sentimientos, pensamiento en. que Platón veía el mayor bien de la sociedad civil, n puesto en boca de Sócrates, en el coloquio quinto de la República : “ el mayor mal de las sociedad ¿ no es por desgracia aquél que la divide y que de una sociedad hace muchas?. Sin disputa, contesta Glaucón, ¿pues que cosa más propia para formar esta unión que la comunicación de los gustos y las penas entre los  ciudadanos, a quienes los mismos acaecimientos con el logro o la pérdida de las mismas cosas cause una alegría y un dolor común a todos ¿Toda la obra es una lectura muy interesante.

Otra de sus obras de 1911, se titula “Elogio de León Tolstoi”.

Del autor (Tolstoi), admiraba no sólo su estilo sino su preocupación por las clases humildes en aquél tiempo, en el que había tantos ricos señores y tantos pobres esclavos.

En l9l5 publica  una conferencia pronunciada. En el Ateneo Científico Literario y Artístico de Madrid, sobre “Castilla y las zonas neutrales”.  El 29 de Diciembre de l9l4, el Ministro de Hacienda Gabino Bugallal presenta un proyecto de ley sobre Zonas Francas. Se trata en  definitiva de crear zonas neutrales en la costa, principalmente la catalana, para crear empresas de exportación que gocen de aranceles favorables y tributación especial beneficiosa.

La conferencia de Díaz Caneja es una protesta ardiente en nombre de la tierra castellana y en su primera parte, como razón de protesta, dice “: ……… si al hablar de zonas neutrales y al atacar esta ficción observáis que a ésta asocio el nombre de Cataluña, conste claro que no es mi ánimo mortificar  a región tan laboriosa, culta y merecedora de respeto. Pero yo no tengo la culpa de que nuestra política económica, durante muchos años, se halla caracterizado por haber tenido como único resultado gubernamental el de recoger las aspiraciones propias y peculiares del pueblo catalán “.

…….. la causa primera de este movimiento de protesta contra ese proyecto de ley que parece hecho al igual de los formulados antes, para que la región y casi podía decir la ciudad de Barcelona obtenga una nueva satisfacción. …….

Cómo se puede deducir de lo antes expuesto, las cosas no han cambiado nada o muy poco.

2 Para no hacer mucho más largo éste relato biográfico de nuestro personaje, relaciono a continuación otras obras, que ponen de manifiesto la laboriosidad, la cultura y lo versátil de sus trabajos: Ya me hubiera gustado leer todas sus obras, algunas de difícil localización, pero con el t iempo, todo se andará:

“Verde  y azul, “ editada en l927.

“El cerco de Madrid“

“Editada en Madrid en l938. Anotaciones de un sitiado. Cuenta como un grupo de personas, en condiciones muy precarias pudieron subsistir en Madrid, con relatos muy sustanciosos  y con los “menús” con los que se alimentaban.

“Paisajes de Reconquista”, donde describe las bellezas del valle del Sella, prologado por Ramón Pérez de Ayala, compañero en las aulas en la Universidad de Oviedo, donde uno de sus profesores fue Leopoldo Alas, “Clarín”.

“Aguas Abajo“.

“Carmina Miravalles“.

Firmaba sus artículos en los periódicos, con el pseudónimo de “Juan sin Tierra”

Gran parte de esta información, ha sido sacada de las Actas del III Congreso de Historia de Palencia. Tomo IV. 1.995. S.P. 3058/4, del que fue su autor José Maria Canal Sánchez-Pagín.

Miguel Ruiz Ausín

Techo Palentino

Cuál es le punto más alto en la provincia de Palencia?

 

Asi pues, y según parece, el punto geodésico mas alto de palencia está a 2.537 m y es la cumbre 2ª de Peña Prieta, también llamado ” Pico del Infierno”.

 

Para mayor abundancia, nuestro querido amigo (y socio del club) D. Alejandro Diez Riol nos envia las siguientes precisiones:

La existencia de la cumbre sur de Peña Prieta coma la más alta es algo sobradamente conocido en los círculos montañeros. Lo que pasa es que al ser compartida con Cantabria siempre se ha considerado menos representativa que Curavacas.

Esta cuestión se ha planteado varias veces, la más reciente en la web de Vidrieros (http://www.vidrieros.net/) con esa misma conclusión.

Hay dos cuestiones.
Primera: el nombre.
En muchos mapas, descripciones de recorridos, se está popularizando cada vez más el nombre de “PICO DEL INFIERNO” para esta cumbre. Nombre que no es nuevo, puesto que aparece en relatos de Sopeña, Sopeña tiene dos relatos. Uno en Peñalara nº 200, de agosto de 1930 de su subida a Peña Prieta, en él no cita ese nombre. Quizás porque acomete directamente la ascensión desde el Pozo de Cubil del Can., (14 de octubre de 1929)
Pero en otro con su firma “LAS CUMBRES DEL ALTO CARRIÓN” dedicado a José Ramón Lueje, publicado en la revista Torrecerredo del que no tengo fecha, supongo que bastante posterior, pero de la misma ascensión, donde le da a esa cumbre el nombre de INFIERNO. Sopeña en esa ascensión se ha hecho acompañar por un pastor de los puertos de Pineda y Riofrío, extremeño, Apolinar Sierra, casado con una lebaniega. Supongo también, que más tarde, el propio José Ramón Lueje, publica uno de la zona y tomando como eje el relato de Sopeña en la zona de Peña Prieta, le vuelve a citar como la PEÑA DEL INFIERNO Puedo precisar otra cita. En la revista Torrecerredo Nº 26.- Julio de 1954. Excursión colectiva a la cumbre de Peña Prieta. Se cita esa cumbre como la Peña del Infierno (2530 m) y como antesala de Peña Prieta. Resumiendo. Creo que es ANGEL DE SOPEÑA Y ORTUETA, del Club de Bilbao el que cita esa cumbre por primera vez, como INFIERNO.

Segundo apunte:
Esto parece ser de ahora. Hace años que no piso esos lugares, pero en fotografías expuestas en la Web http://www.foropicos.net/foro/index.php de este verano, he podido observar que se ha abierto un claro sendero desde Tres Provincias a la cumbre principal de Peña Prieta, obviando pasar por la cumbre del “Infierno” Me parece curioso el hecho. Porque antes, siempre se pasaba por toda la cresta y dicha cumbre para acceder a la principal.

Es un “no perder altura” para encontrar una línea recta hacia el objetivo de esas ascensiones.

Bueno, espero que esta aportación sirva para ese debate del que hablas en tú “emilio”.

Saludos para todos. Alejandro

 

 

 

 

 


Si consultamos los mapas SIGPAC del Ministerio de Agricultura (que en teoria deben ser muy precisos puesto que sirven para confeccionar el catastro) nos encontramos con las siguientes altitudes:

2.451 m Pico Espigüete
2.524 m Pico Curavacas
2.539 m Peña Prieta

Pero claro, dicen unos, es que Peña Prieta está en Cantabria, ya que Palencia “se acaba” en el Pico Tres Provincias (2.499 m) !

Y es verdad, según se pueden ver en los mapas adjuntos !

Pero si nos fijamos muy bien, en la misma cresta de Peña Prieta y a 171 metros al sur de la mima, hay otro pico sin nombre que está en el mismo limite de la provincia de Palencia.

No tiene nombre definido ya que, como pasa con el Espigüete o Curavacas, es otra cumbre del mismo pico. Por eso y sin ningun riesgo de equivocarnos, podriamos llamarle “Peña Prieta Palentina”, aunque dicen que se llama “Pico del Infierno”.

En consecuencia, las cumbres mas altas de la provincia de Palencia serian (según SIGPAC):

2.537 m Peña Prieta PALENTINA (Pico del Infierno)

2.524 m Pico Curavacas

2.499 m Pico Tres Provincias
2.457 m Pico de las Lomas
2.451 m Pico Espigüete
2.396 m Agujas de Cardaño
2.396 m Alto del Tio Celestino
2.349 m Pico Murcia

Asi pues, y según parece, el punto geodésico mas alto de palencia está a 2.537 m y es la cumbre 2ª de Peña Prieta, también llamado ” Pico del Infierno”.

 

Aventuras de Juan e Iñaky

Juan Maestro

Palentino, aficionado a la fotografía de viajes y de naturaleza, y a la montaña.

He realizado viajes por 25 países de 4 continentes.

Colaborador de la revista Naturaleza Salvaje a través de la fotografía. Participante en II, III y IV Simposium Internacional de Fotografía de Naturaleza de Vilareal así como en las jornadas de Montaña de Palencia.

¿Qué es EL SONOCHO ?

SONOCHO, es una palabra palentina que se utilizaba en nuestros pueblos, cuando un grupo de vecinos se reunía al ponerse el sol finalizadas las tareas cotidianas. Aprovechaban este momento tan especial del día, para contar sus historias y poner en común sus experiencias. Así conseguían en un ambiente relajado e informal, hacer más agradables las duras jornadas invernales.

Queremos empezar nuestra andadura, con una clara intención: recuperar esta costumbre tan palentina y buscar de alguna forma esos momentos tan personales. Para ello ponemos en común nuestras vivencias más especiales, nuestras experiencias más personales, nuestros rincones más significativos…

Cada mes propondremos un lugar, una montaña, un pueblo o unas gentes, algo o alguien que nos haya brindado una sensación, un pensamiento o sencillamente una experiencia y que pondremos en común en esta sección:

EL SONOCHO.

Iñaki Villán

Palentino de nacimiento y miembro del Club Espigüete.

Aficionado a la montaña y a la fotografía visitando cordilleras como Alpes, Andes, Himalaya, desiertos, alguna que otra selva y zona polar.

Participante en las jornadas de Montaña de Palencia desde su inicio.

Hemos participado en exposiciones fotográficas sobre temas de naturaleza y montaña y presentado diferentes audiovisuales de montaña, entre los que destacamos: Las Montañas de Alá (Karakorum. Pakistán), Ascensión al Pico Lenin (Kirgüizistán), Islandia 66º 45´Latitud Norte, País Bassari: Aldeas Bedik (Senegal)

Para cualquier consulta, nuestros correos son:

ignacio.villan@renault.com

juandepalencia@hotmail.com

Concordia – Karakorum – Pakistán

“La mayor concentración de altas montañas del planeta”

 

Diría de Concordia, que es unos de los puntos geográficos con más personalidad en el mundo de la montaña. Nacimiento del glaciar Baltoro y lugar de confluencia de grandes países como Pakistán, China e India, que aquí unen sus fronteras.

Es requisito indispensable al llegar a Concordia, mirar hacia arriba, y dar una vuelta de 360º para observar todo lo que se encuentra a tu alrededor, la concentración mayor de gigantes por encima de los 8000 m. El paisaje allí no tiene fallos, como si hubiese sido creado artificialmente y colocado en lugar estratégico por la mano del hombre.

Alejado de todo y de todos, durante un corto periodo de tiempo, sólo un pocos meses, se despierta de su letargo invernal aquí mas largo de lo normal, y deja que la gente se adentre en él.

Llegar hasta allí no es fácil, se requiere de una mezcla entre la preparación del viaje,entrenamiento físico y sacrificio típico de montaña.Todo lo demás: aventura incertidumbre, e improvisación, lo pone el lugar, y es bien seguro que el que hasta allí se acerque, un buena dosis no le va ha faltar.

Recuerdo Concordia como un lugar frio y solitario, con dimensiones fuera del alcance humano y un silencio especial, que solo a veces rompe, el sonido del viento o la caída de nieve, hielo y piedras producto de las frecuentes avalanchas.

Bajo la sombra que proyecta hacia el final del valle, el Gasherbrum IV acampamos, y al caer la noche cuando la luz de la luna llena hace que la vista sea mas clara, pudimos contemplar toda la espectacularidad de este lugar.

El genuino K2, la montaña de las montañas, Hidden peak, Gasherbrum II, Broad Peak,Matra Peak, Masherbrum, Chogolisa, Torre de Mustangs y algún otro más de los que la memoria ya me hace olvidar.

Son algunos de los habitantes del Karakorum que en Concordia se dan cita, como de la plaza de un pueblo se tratase.

Concordia es sin lugar a dudas el corazón del glaciar Baltoro y el protagonista indiscutible del Karakorum.

Ocho días de largas jornadas caminado, 4 de ellos sobre terreno árido, cruzando ríos procedentes del deshielo y desprendimientos de tierra y 4 restantes sobre glaciar, son lo que separan este lugar de la ultima población habitada.

Pero todo tiene su recompensa y aquí más que en ningún otro sitio, esta garantizada.

Porque una vez llegado a Concordia, el montañero disfrutará gratamente de uno de esos lugares únicos de la gran cordillera del Himalaya.

Ficha Técnica

Altura: 5.000 m .

Situación: Pakistán

Ubicación: karakorum (Baltistán)

Punto de unión física de tres glaciares: Vigne, Goldwin Austin y Baltoro.

Unión geográfica de tres países: India, China y Pakistán…

Bendik-Senegal

“En el corazón del cayuco”

… un momento especial se presenta siempre sin avisar, por sorpresa…

Caminamos por el interior de Senegal, por el llamado País Bassari, muy cerca de las aldeas pobladas por la etnia Bedik. Este grupo étnico se caracteriza por su inaccesibilidad lo que le ha permitido conservar intactas sus tradiciones y una forma de vida milenaria.

Nuestro camino se adentra en su territorio y atravesamos sus campos de cultivo. Éstos son trabajados manualmente desde tiempos inmemoriales y son principalmente las mujeres, con sus niños a la espalda, las que cargan con el peso de este duro trabajo tan poco productivo en estas adversas condiciones.

Envueltos en este ambiente de sudor, colorido y sonidos africanos avanzamos en busca de una aldea, situada en el punto más alto del lugar.

 

De repente, silencio, todo parece detenerse y una atmósfera extraña se apodera del entorno. Algo importante va a suceder.

Un murmullo, procedente del vecino bosque se aproxima y se convierte en una monótona letanía que se adueña de todo. Un personaje alto sin rostro y cubierto por un tocado vegetal con conchas atadas en los tobillos, aparece danzando a un ritmo lento y cadencioso como el paso del tiempo.

Cuatro jóvenes ayudantes, casi niños, le rodean se les nota orgullosos de su misión. Son los aprendices de una tradición anclada en el principio de los tiempos, su transmisión depende de ellos.

Los campesinos inmóviles siguen con la mirada al especialmente oscuro hombre. Éste se aproxima a ellos y ajeno a todos, lleva a cabo la ceremonia de bendición de la cosecha.

 

Una vez finalizada su espiritual labor, los trabajadores reanudan sus quehaceres con un gran respeto.

Hasta los recién nacidos que llevan a sus espaldas parecen comprender la importancia del momento y guardan silencio.

El chamán continúa con su danza y con sus llamadas a las fuerzas sobrenaturales que fertilizarán los campos. Del éxito de su intento, depende que la triste cosecha que ahora siembran prospere.

El rito continua hasta que considera la misión terminada, el hombre desaparece tras la espesura del bosque, acompañado procesionalmente por sus jóvenes ayudantes, la letanía se aleja y acaba desapareciendo.

Los sonidos habituales reaparecen de nuevo, todo vuelve a la normalidad. Nosotros nos miramos para confirmar la realidad del singular momento del que hemos sido testigos.

Continuamos nuestro camino y cuando pasamos al lado de los campesinos adivinamos un destello de esperanza en sus miradas…

Ahora, la cosecha cuenta con el beneplácito de las fuerzas de la naturaleza y quizás este año habrá grano para toda la familia y no pasarán hambre.

Es su última oportunidad…

Ficha técnica

Nombre oficial: República de Senegal. Capital: Dakar.

Superficie: 196.722 Km2.

Población: 10.284.929 hab

Densidad: 52 hab/km2

Composición de la población :

Wolof 44%, Fulani y Tukulor 24%, Serer 15%, Diola 5%, Manlinka 4%, Otros 8% (entre ellos los Bassari).

Alpamayo – Los Andes – Perú

“La montaña más bella del mundo”

Quizá, a mi parecer, las montañas de los Andes se encuentran un tanto eclipsadas por el poderío sublime de otras más altas, las del Himalaya.

Pero ante los ojos de cualquier montañero, alpinista, o persona que por el mero placer de contemplar, se aventure a adentrarse en sus laberínticos valles, éstas no van a defraudar.

Os voy a hablar de una ellas, que precisamente habita en los Andes, y en la que hace unos años tuvimos oportunidad de vivir ciertas experiencias. Es en la Cordillera Blanca donde exactamente el Alpamayo se esconde, y digo se esconde, puesto que como cualquier persona vergonzosa, se esconde de vistas ajenas y sólo por la ruta normal de paso: la quebrada de Santa Cruz, muestra una de sus caras y no es precisamente la que todo el mundo pretende encontrar.

Se necesita de una gran dosis de ganas para ver el Alpamayo en su máxima expresión; con todo lo que ello conlleva, resistencia física, un buen entrenamiento previo, y una cierta experiencia en montaña, añadámosle, lo que nunca puede faltar y es una buena adaptación a la altura.

Altura que tendremos que ganar, para superar un collado de unos 5.200 m que nos llevara a un pequeño “plató” donde se sitúa el campo I.

Es en este lugar donde con suerte y si los rigores del clima de zona, cercano al océano Pacifico que en los Andes toma gran protagonismo, permiten se descubrirá en su totalidad ante nosotros.

Aquí ya no se escapa a las miradas, situándose en un lugar de esos, donde sólo habitan montañas y las personas son meros nómadas con el tiempo de regreso contado.

Lástima que como casi siempre en montaña y dicho desde la experiencia de un alpinista humilde, gracias a la altura, no se disfrute como uno siempre quisiera. En fin, todos sabemos que es parte del juego.

A modo anecdótico, de lo que sí estoy seguro es que la belleza del Alpamayo asombra hasta tal punto, de que ya fue declarada como la montaña mas fotogénica del mundo.

Como un montón de merengue o nata de dimensiones justas, ni pequeñas ni desproporcionadas, con forma irregular, y surcada de inicio a fin por corredores bien marcados, como arrugas en la piel, hace que sea una montaña de las que a uno le parece poder y querer tocar con las manos, para mas tarde guardar en tu mochila.

Nosotros, lo que pudimos llevarnos del Alpamayo fueron una serie de fotos, que siempre formarán parte de nuestras favoritas.

Así es como yo, describo al Alpamayo.

Una montaña, a la que solo cabe reprochar el poder estar mas accesible a las vistas de todo aquel que quiera disfrutar de ella, y compartir con todos un poquito más, su belleza.

Ficha Técnica

Altura: 5.947 m

Primera ascensión: 1.957. [G. Hauser, B. Huhn, F. Knauss y H. Wiedmann.]

Sector: Grupo Santa Cruz, Area Quitaraju.

Posición Geográfica: Latitud: 8° 56′ 0” S Longitud: 77° 42′ 0” O

Fue nombrada “la montaña más bella del mundo” por la UNESCO en 1.966.

En los Campo Base

“En el Campo Base “

Campo base del K2 (Pakistán)

Cuando comienzas la preparación de una expedición, una vez marcado el objetivo todo tiene un punto de referencia: el campo base.

Campo base Pico Lenin (Kirguizistán)

Las jornadas se organizan respecto a este punto clave. Si el mal tiempo cambia se convierte en el centro de la espera. Los víveres, tiendas y demás infraestructura, se eligen de acuerdo a la dificultad de llegar al deseado campo base.

Parece que sólo cuando llegas a él empieza la expedición. Sin embargo, el campo base es algo más que el punto de partida de la aventura, es el punto de llegada después del éxito o de la retirada, después de la suerte o de la decepción.

Regresar días más tarde es siempre motivo de satisfacción, pero es en ese momento de necesidad cuando se plantea su importancia.

Campo base del Alpamayo (Perú)

Regresas cansado, con las fuerzas justas y el organismo al límite de su resistencia. La altura y el excesivo esfuerzo durante la ascensión han pasado factura y la fatiga es la dueña de tu cuerpo.

Es ahora el momento, en que de nuevo alcanzas el punto de partida, cuando te relajas y disfrutas de la montaña de otra manera, sin presiones. Cuando recuperas las fuerzas paulatinamente y todo a tu alrededor recobra una belleza, que quedaba parcialmente oculta por el ansia de conquista de la cima.

Y es en el campo base, donde encuentras de nuevo ese calor casi hogareño, esas palabras de aliento de los compañeros de expedición que tantas ganas tenías de ver, esos nutrientes que vuelven a saber a comida y esa tranquilidad segura que tanto has echado de menos en el mano a mano con la montaña.

Campo base del Broad Peak (Pakistán)

Pasan los días y plenamente recuperado paseas disfrutando de un entorno; a veces de las gentes del país que pasan por ellos, intercambiando opiniones y explicando su ancestral forma de vida.

Ahora y después del esfuerzo es cuando apreciamos en toda su dimensión, hasta de los más pequeños detalles: esas pequeñas florecillas que antes pasaron desapercibidas, esos sonidos del amanecer que antes no daba tiempo a disfrutar, esas luces que nacen de la noche y llenan todo el paisaje…

Tienes que regresar a casa, has incorporado nuevas experiencias algunas de ellas muy personales y cuando vuelves la vista atrás para despedirte de tu sueño, el campo base vuelve a ser el punto de partida.

O no, ya no es un punto, es algo más, es el espacio donde has disfrutado verdaderamente del sabor de la aventura.

ALGUNAS DE LAS IMÁGENES QUE NOS HAN BRINDADO…

Desde el c.b. del Pico Lenin

Desde el c.b. del Alpamayo

Desde el c.b. del Broad Peak