Prevención de Riesgos en la Montaña

PREVENCIÓN en la MONTAÑA

La montaña es el medio donde desarrollamos nuestras actividades: es la fuente de nuestras satisfacciones.

Sin embargo, no podemos ignorar que el montañismo, debido al ambiente donde se desarrolla, presenta una serie de riesgos que debemos conocer para al menos prevenirlos y atenuarlos.

Los peligros que la montaña encierra pueden ser de dos tipos:

Peligros Objetivos:

Son los de origen natural, que nada tiene que ver con el comportamiento del montañero:

Desprendimientos de rocas y piedras.

Nevadas, aludes, cornisas, seracs, grietas en glaciares, …

Cambios de tiempo improvistos: tormentas y rayos, fuerte viento, niebla, …

Aumento del caudal repentino en ríos, barrancos y cañones.

Peligros Subjetivos:

Son los que derivan del propio comportamiento del hombre:

La infravaloración, inconsciencia

Desconocimiento de los propios peligros, ambiente, circunstancias y seguridad.

No poseer la preparación física adecuada

Realizar una actividad sin los debidos conocimientos técnicos

No utilizar el equipo adecuado No llevar acabo una alimentación correcta

No renunciar a tiempo de nuestro objetivo. etc…

Es evidente que los riesgos y peligros existen en la montaña, están ahí, pero también es cierto que una adecuada preparación llevada a la práctica, nuestra prudencia y la experiencia adquirida día a día, atenuará sus efectos permitiéndonos hacer montaña con mayor seguridad.

1990 Excursión al Pico Curavacas

1.990 Excursión al Pico Curavacas

 

1.990 Excursión al Pico Curavacas (2.520 metros)

Burgos (Alpino). La plácida lectura de la Historia del Montañismo Palentino en las vacaciones despertó en mi la vieja ilusión de atravesar el Valle de Pineda, surcado por el nacimiento del río Carrión y acceder así al legendario Pozo de Curavacas.

Enterado del propósito de Vicente Lagunilla, delegado de la Federación de Montañismo en Palencia de ascender al pico Curavacas con Alejandro Díez Riol, escritor del mencionado libro, les sugerí acompañarles abordando la montaña por la vertiente Norte, casi desconocida para mí, pese a las casi 20 ascensiones a dicha cumbre en invierno y verano.

Con tal motivo salíamos el sábado por la tarde en viaje hasta Cervera de Pisuerga y de allí, por la carretera de los pantanos, llegamos a acampar al bucólico pueblo de Vidrieros, donde finaliza la carretera asfaltada.

El domingo amanece un poco fresco y cubierto de brumas, lo que nos hace dudar en algún momento de alcanzar nuestro objetivo.

Aprovechando la gran ventaja que nos reporta el vehículo «todo terreno» de Tente, efectuamos la aproximación de veintiún Kilómetros de tortuosa pista, que nos deposita cerca del Pozo de Curavacas (1800 m.). Cabe destacar, la forma física de mi paisano Lorenzo Bernabé, que hace el acercamiento a golpe de pedal en una bicicleta de montaña.

El recorrido en el que vadeamos varias veces el río, resulta apasionante por la belleza del paisaje y el conocimiento de términos tan hermosos como: Puente Pucherín, Santa Marina, Vega de Corre Caballos, El Estrecho, Vega los Cantos, etc.

Preparadas las mochilas, iniciamos los cuatro la ascensión hacia la Hoya Superior procurando buscar las llambrias de roca o pendientes de hierba que nos eviten la ingrata pedrera.
Al cabo de un rato vemos un numeroso rebaño de cabras, la mayoría de ellas sesteando y entre las que destaca un barbudo carnero, que a fuer de su aspecto, tiene que ser el patriarca de la manada.
Hacemos una parada para comentar la situación de las vías de escalada abiertas hace años en la Cara N.O. del Pico Principal y nos dirigimos hacia la izquierda en busca de la Senda del Notario, itinerario que inauguraba en agosto de 1947 Luis García Guinea.

Cuando estamos casi encumbrando surgen de la cima unas siluetas humanas que resultan ser dos famosos veteranos asturianos, Juan Delgado y Juan Torio. El primero de ellos es el autor de la guía Ubiña Alta Montaña y de la maravillosa monografía de la Torre Santa de Castilla.

La remontada ha sido completa, pues Alejandro, que desde abajo viene observando el terreno en busca de una variedad rara de flora alpina para su obra sobre botánica, da con ella a la cota de 2.450 metros cuando ya no lo esperaba.

Tras reponer fuerzas, emprendemos el descenso por trazado diferente al de subida. Bajamos hasta la meseta inclinada que nos separa del Pico Medio y desde la brecha del Portillo flanqueamos la Cumbre Oeste del macizo, por una cornisa orientada al Sur que nos lleva al Collado de la Curruquilla (2.290 metros).
Procurando eludir los canchales de roca suelta y después de cinco horas y media de andadura, arribamos al atractivo Lago de Curavacas en el que nos esperan nuestras familias.

Todavía tenemos tiempo de zambullirnos en sus frescas y cristalinas aguas, así como de navegar por el mismo en una piragua que hemos llevado.

Al caer la tarde abandonamos este bonito lugar que nos ha deparado unas intensas vivencias, en la confianza de revivirlas proyectadas gracias a la filmación de video, que nos hicieron estos excelentes amigos palentinos: Alejandro y Tente.

Una última mirada a las Escaleras, que son unas gradas repletas de pequeñas cascadas de agua proveniente de los desaguaderos del pozo, y enfilamos el valle para al pasar bajo la majestuosa pared N.E. de Curavacas hacerla una fotografía.

CARLOS SAINZ VARONA

 

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1.990 Excursión al Pico Curavacas

 

1.990 Excursión al Pico Curavacas (2.520 metros)

Burgos (Alpino). La plácida lectura de la Historia del Montañismo Palentino en las vacaciones despertó en mi la vieja ilusión de atravesar el Valle de Pineda, surcado por el nacimiento del río Carrión y acceder así al legendario Pozo de Curavacas.

Enterado del propósito de Vicente Lagunilla, delegado de la Federación de Montañismo en Palencia de ascender al pico Curavacas con Alejandro Díez Riol, escritor del mencionado libro, les sugerí acompañarles abordando la montaña por la vertiente Norte, casi desconocida para mí, pese a las casi 20 ascensiones a dicha cumbre en invierno y verano.

Con tal motivo salíamos el sábado por la tarde en viaje hasta Cervera de Pisuerga y de allí, por la carretera de los pantanos, llegamos a acampar al bucólico pueblo de Vidrieros, donde finaliza la carretera asfaltada.

El domingo amanece un poco fresco y cubierto de brumas, lo que nos hace dudar en algún momento de alcanzar nuestro objetivo.

Aprovechando la gran ventaja que nos reporta el vehículo «todo terreno» de Tente, efectuamos la aproximación de veintiún Kilómetros de tortuosa pista, que nos deposita cerca del Pozo de Curavacas (1800 m.). Cabe destacar, la forma física de mi paisano Lorenzo Bernabé, que hace el acercamiento a golpe de pedal en una bicicleta de montaña.

El recorrido en el que vadeamos varias veces el río, resulta apasionante por la belleza del paisaje y el conocimiento de términos tan hermosos como: Puente Pucherín, Santa Marina, Vega de Corre Caballos, El Estrecho, Vega los Cantos, etc.

Preparadas las mochilas, iniciamos los cuatro la ascensión hacia la Hoya Superior procurando buscar las llambrias de roca o pendientes de hierba que nos eviten la ingrata pedrera.
Al cabo de un rato vemos un numeroso rebaño de cabras, la mayoría de ellas sesteando y entre las que destaca un barbudo carnero, que a fuer de su aspecto, tiene que ser el patriarca de la manada.
Hacemos una parada para comentar la situación de las vías de escalada abiertas hace años en la Cara N.O. del Pico Principal y nos dirigimos hacia la izquierda en busca de la Senda del Notario, itinerario que inauguraba en agosto de 1947 Luis García Guinea.

Cuando estamos casi encumbrando surgen de la cima unas siluetas humanas que resultan ser dos famosos veteranos asturianos, Juan Delgado y Juan Torio. El primero de ellos es el autor de la guía Ubiña Alta Montaña y de la maravillosa monografía de la Torre Santa de Castilla.

La remontada ha sido completa, pues Alejandro, que desde abajo viene observando el terreno en busca de una variedad rara de flora alpina para su obra sobre botánica, da con ella a la cota de 2.450 metros cuando ya no lo esperaba.

Tras reponer fuerzas, emprendemos el descenso por trazado diferente al de subida. Bajamos hasta la meseta inclinada que nos separa del Pico Medio y desde la brecha del Portillo flanqueamos la Cumbre Oeste del macizo, por una cornisa orientada al Sur que nos lleva al Collado de la Curruquilla (2.290 metros).
Procurando eludir los canchales de roca suelta y después de cinco horas y media de andadura, arribamos al atractivo Lago de Curavacas en el que nos esperan nuestras familias.

Todavía tenemos tiempo de zambullirnos en sus frescas y cristalinas aguas, así como de navegar por el mismo en una piragua que hemos llevado.

Al caer la tarde abandonamos este bonito lugar que nos ha deparado unas intensas vivencias, en la confianza de revivirlas proyectadas gracias a la filmación de video, que nos hicieron estos excelentes amigos palentinos: Alejandro y Tente.

Una última mirada a las Escaleras, que son unas gradas repletas de pequeñas cascadas de agua proveniente de los desaguaderos del pozo, y enfilamos el valle para al pasar bajo la majestuosa pared N.E. de Curavacas hacerla una fotografía.

CARLOS SAINZ VARONA

 

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1.990 Excursión al Pico Curavacas

 

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Enterado del propósito de Vicente Lagunilla, delegado de la Federación de Montañismo en Palencia de ascender al pico Curavacas con Alejandro Díez Riol, escritor del mencionado libro, les sugerí acompañarles abordando la montaña por la vertiente Norte, casi desconocida para mí, pese a las casi 20 ascensiones a dicha cumbre en invierno y verano.

Con tal motivo salíamos el sábado por la tarde en viaje hasta Cervera de Pisuerga y de allí, por la carretera de los pantanos, llegamos a acampar al bucólico pueblo de Vidrieros, donde finaliza la carretera asfaltada.

El domingo amanece un poco fresco y cubierto de brumas, lo que nos hace dudar en algún momento de alcanzar nuestro objetivo.

Aprovechando la gran ventaja que nos reporta el vehículo «todo terreno» de Tente, efectuamos la aproximación de veintiún Kilómetros de tortuosa pista, que nos deposita cerca del Pozo de Curavacas (1800 m.). Cabe destacar, la forma física de mi paisano Lorenzo Bernabé, que hace el acercamiento a golpe de pedal en una bicicleta de montaña.

El recorrido en el que vadeamos varias veces el río, resulta apasionante por la belleza del paisaje y el conocimiento de términos tan hermosos como: Puente Pucherín, Santa Marina, Vega de Corre Caballos, El Estrecho, Vega los Cantos, etc.

Preparadas las mochilas, iniciamos los cuatro la ascensión hacia la Hoya Superior procurando buscar las llambrias de roca o pendientes de hierba que nos eviten la ingrata pedrera.
Al cabo de un rato vemos un numeroso rebaño de cabras, la mayoría de ellas sesteando y entre las que destaca un barbudo carnero, que a fuer de su aspecto, tiene que ser el patriarca de la manada.
Hacemos una parada para comentar la situación de las vías de escalada abiertas hace años en la Cara N.O. del Pico Principal y nos dirigimos hacia la izquierda en busca de la Senda del Notario, itinerario que inauguraba en agosto de 1947 Luis García Guinea.

Cuando estamos casi encumbrando surgen de la cima unas siluetas humanas que resultan ser dos famosos veteranos asturianos, Juan Delgado y Juan Torio. El primero de ellos es el autor de la guía Ubiña Alta Montaña y de la maravillosa monografía de la Torre Santa de Castilla.

La remontada ha sido completa, pues Alejandro, que desde abajo viene observando el terreno en busca de una variedad rara de flora alpina para su obra sobre botánica, da con ella a la cota de 2.450 metros cuando ya no lo esperaba.

Tras reponer fuerzas, emprendemos el descenso por trazado diferente al de subida. Bajamos hasta la meseta inclinada que nos separa del Pico Medio y desde la brecha del Portillo flanqueamos la Cumbre Oeste del macizo, por una cornisa orientada al Sur que nos lleva al Collado de la Curruquilla (2.290 metros).
Procurando eludir los canchales de roca suelta y después de cinco horas y media de andadura, arribamos al atractivo Lago de Curavacas en el que nos esperan nuestras familias.

Todavía tenemos tiempo de zambullirnos en sus frescas y cristalinas aguas, así como de navegar por el mismo en una piragua que hemos llevado.

Al caer la tarde abandonamos este bonito lugar que nos ha deparado unas intensas vivencias, en la confianza de revivirlas proyectadas gracias a la filmación de video, que nos hicieron estos excelentes amigos palentinos: Alejandro y Tente.

Una última mirada a las Escaleras, que son unas gradas repletas de pequeñas cascadas de agua proveniente de los desaguaderos del pozo, y enfilamos el valle para al pasar bajo la majestuosa pared N.E. de Curavacas hacerla una fotografía.

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Enterado del propósito de Vicente Lagunilla, delegado de la Federación de Montañismo en Palencia de ascender al pico Curavacas con Alejandro Díez Riol, escritor del mencionado libro, les sugerí acompañarles abordando la montaña por la vertiente Norte, casi desconocida para mí, pese a las casi 20 ascensiones a dicha cumbre en invierno y verano.

Con tal motivo salíamos el sábado por la tarde en viaje hasta Cervera de Pisuerga y de allí, por la carretera de los pantanos, llegamos a acampar al bucólico pueblo de Vidrieros, donde finaliza la carretera asfaltada.

El domingo amanece un poco fresco y cubierto de brumas, lo que nos hace dudar en algún momento de alcanzar nuestro objetivo.

Aprovechando la gran ventaja que nos reporta el vehículo «todo terreno» de Tente, efectuamos la aproximación de veintiún Kilómetros de tortuosa pista, que nos deposita cerca del Pozo de Curavacas (1800 m.). Cabe destacar, la forma física de mi paisano Lorenzo Bernabé, que hace el acercamiento a golpe de pedal en una bicicleta de montaña.

El recorrido en el que vadeamos varias veces el río, resulta apasionante por la belleza del paisaje y el conocimiento de términos tan hermosos como: Puente Pucherín, Santa Marina, Vega de Corre Caballos, El Estrecho, Vega los Cantos, etc.

Preparadas las mochilas, iniciamos los cuatro la ascensión hacia la Hoya Superior procurando buscar las llambrias de roca o pendientes de hierba que nos eviten la ingrata pedrera.
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Cuando estamos casi encumbrando surgen de la cima unas siluetas humanas que resultan ser dos famosos veteranos asturianos, Juan Delgado y Juan Torio. El primero de ellos es el autor de la guía Ubiña Alta Montaña y de la maravillosa monografía de la Torre Santa de Castilla.

La remontada ha sido completa, pues Alejandro, que desde abajo viene observando el terreno en busca de una variedad rara de flora alpina para su obra sobre botánica, da con ella a la cota de 2.450 metros cuando ya no lo esperaba.

Tras reponer fuerzas, emprendemos el descenso por trazado diferente al de subida. Bajamos hasta la meseta inclinada que nos separa del Pico Medio y desde la brecha del Portillo flanqueamos la Cumbre Oeste del macizo, por una cornisa orientada al Sur que nos lleva al Collado de la Curruquilla (2.290 metros).
Procurando eludir los canchales de roca suelta y después de cinco horas y media de andadura, arribamos al atractivo Lago de Curavacas en el que nos esperan nuestras familias.

Todavía tenemos tiempo de zambullirnos en sus frescas y cristalinas aguas, así como de navegar por el mismo en una piragua que hemos llevado.

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CARLOS SAINZ VARONA

 

1971 Los Peligros de la Niebla

LA NIEBLA EN LA MONTAÑA

(Relato íntimo de una excursión)

 

Hoy voy a comentar algo sobre ese fenómeno meteorológico, que suele presentarse en montaña con mucha frecuencia y siempre de manera indeseable, aunque en muchas ocasiones sea causa de espectáculos maravillosos y difíciles de narrar por su belleza y de los que todos hemos disfrutado en nuestras salidas a la montaña. Y para hablar de la niebla y de sus nefastas consecuencias, no voy a recurrir a esa terminología al uso que podemos encontrar en cualquier manual de montaña, sino relacionándolo con alguna experiencia, que a la vez que me sirve para relatar una actividad que realizaron miembros de nuestro Club, me recuerda momentos gratos y aviva sentimientos agridulces y nostálgicos.

 

Era la víspera de San Juan, nuestro Club había organizado un pequeño campamento, con base en el Pozo de Curavacas y en el que iban a participar otros clubs. Allí sería la concentración para, desde ese punto, hacer actividad montañera: Curavacas, Tres Provincias, El Celestino, etc., pues contábamos con tres días para ello.

 

Ya sabéis que el acceso desde Cardaño al Pozo es a través del Collado del Ves con un desnivel de 1000 metros más o menos. El equipo de avituallamiento para varios días, hacía que todos transportáramos mucho peso.

 

La tarde era luminosa, radiante, serena, como para pensar en unos días estupendos. Iniciamos la marcha un grupo de tres personas con el ánimo de dormir la noche de San Juan en el campamento base, donde nos reuniríamos con los demás. Tras una larga marcha cruzamos el río Cardaño, entrando en la Cuenca, que nos conduciría al Collado del Ves para, luego, descendiendo, situarnos en el lugar de la cita, próximos al desagüe del Lago de Curavacas.

 

Seguimos ascendiendo y el tiempo empieza a cambiar: por encima de nosotros, en la línea de cumbres, Agujas de Fuentes Carrionas, Collado del Ves, Curruquilla, empieza a penetrar un frente nuboso que hace presagiar lluvia o niebla. Después de más de 2 horas de marcha y quedando todavía media para alcanzar el Collado, irrumpe la niebla a nuestra altura, nos envuelve y desorienta. Sabemos que caminando hacia arriba llegaremos en el tiempo previsto a la cimera, donde, si persiste la niebla, podremos montar la tienda y aguantar hasta que despeje aquélla.

 

Seguimos hacia arriba, lentos por la carga pero sin parar, ya que también la temperatura ha descendido notablemente y la niebla nos humedece; el tiempo pasa más allá de lo que creíamos necesario para llegar arriba, no logramos encontrar la horizontal del Collado, estamos totalmente desorientados y no podemos continuar así, pues el terreno es peligroso. Decidimos buscar el mejor emplazamiento para montar la tienda y entre el maremagnum de pedreras inclinadas, hallamos terreno firme donde montarla, lo que hacemos con la rapidez que exigen las circunstancias y el hecho de comenzar a llover.

 

¡Que alivio contar con un techo aunque sea una simple lona!.

 

La lluvia arrecia y la tienda que no tiene suelo (es de las históricas) empieza a “admitir” agua por la parte elevada del terreno. El único colchón neumático de que disponemos se sitúa en la parte afectada y así, después de comer algo, nos disponemos a pasar le noche en la que hay que relevarse para aguantar el palo de la tienda que el temporal de agua y viento amenaza con llevarse en cualquier momento.

 

La noche, ¡para qué voy a contaros!, entre bromas y aguante hasta que llega el amanecer en que por arte de magia traslada la niebla al fondo del valle, despejando cumbres y cielo y cual sería nuestra sorpresa al comprobar que nos encontramos a 50 metros escasos de la línea de cumbres, no de la que buscábamos, sino de otra. La niebla nos había jugado una mala pasada sin mayores consecuencias que una noche sonada. A los dos días siguientes, una vez en el valle, nos enteraríamos que otro de los grupos que iban al Campamento, perdidos en la niebla con intención del alcanzar la cumbre, estuvieron deambulando durante horas y aparecieron ¡pasmaros! en el valle que reconocieron por el río que cauce abajo les condujo a Cardaño de Arriba.

 

A esto quería llegar con mi relato, la niebla en montaña, puede ser una trampa mortal. No sirve la brújula porque los accidentes geográficos hay que salvarlos con visión, aunque tengas marcado el rumbo y sepas donde quiere llegar. Lo mejor es esperar, o caminar hacia el valle donde es fácil orientarse.

 

Con estas circunstancias adversas, sólo pudimos realizar parte de lo programado. Conocimos también a un pastor santanderino que, año tras año, se instala en su chozo y cuida su ganado en Huerta Chica, que nos colmó de atenciones y que a nuestro regreso, subió con nosotros desde el Lago Curavacas hasta el Collado del Ves, donde nos despedimos hasta otra ocasión.

 

El último de los tres días regresamos hacia Cardaño, encontrándonos en el último trayecto con los que no llegaron al Collado del Ves y que nos esperaban impacientes. Entre ellos, estaba un padre Agustino.

 

Agotada la tarde, con el sol tras las cumbres, llegamos a Cardaño de Arriba. Era domingo. En la pequeña Iglesia, encendimos unos velones; el ambiente era reconfortante y nuestro amigo agustino, no dijo esa misa de los domingos rutinaria y fría. Sentó entre nosotros a ese Señor de las Cumbres y charlamos amigablemente largo rato, embebidos y absortos.

 

Esto ocurrió, como lo cuento, años atrás por la festividad de San Juan.

 

Componentes: Luis López de Abechuco, Ángel Ramos y Miguel Ruiz Ausin 1971.

 

Miguel Ruiz Ausin

Invernal Espigüete 1967

PRIMERA ASCENSIÓN EN INVIERNO DEL CORREDOR NORTE DEL ESPIGÜETE
40 AÑOS DESPUES

Antes de que el Club de Montaña Espigüete existiera oficialmente con sus flamantes Estatutos, habíamos descubierto la Montaña Palentina, allá en la lejanía más distante de la provincia de Palencia; en invierno y en días claros, adivinábamos más que veíamos, desde el Monte El Viejo, unas altas montañas nevadas.

La entrada natural a las montañas era por Guardo, Boardo como le llamaron los romanos, que significaba “hacia lo arduo”, lo peligroso, lo difícil.

Una vez descubiertas, comprobamos que aquel lugar era espacio para la aventura, la admiración, la sorpresa, lo que nos exigía una juventud con ganas de llenar los días de sensaciones nuevas. Antes, mucho antes, habíamos medido a “golpe de calcetín” las cuestas y los senderos del Monte el Viejo, ese espacio vital en que cada palentino se siente dueño y señor y que cuidamos con veneración.

Unos mas que otros, habíamos recorrido en verano la montaña, y habíamos subido a sus altas cumbres, y sabíamos, si era necesario, usar una cuerda, montar un papel y hacer nudos imposibles de deshacer.

Pero la nieve tiene un atractivo especial que cautiva y arrastra.

Y llegó esta fiesta tan especial para los palentinos del día 2 de Febrero, año de 1967, la Virgen de la Calle, Patrona de la ciudad, donde además de aprovechar para la inevitable visita a Valladolid de algunos, o la salida a la montaña de otros, antes o después del viaje se visitaba a la Patrona en su Santuario, como gesto de respeto y veneración. Yo así lo recuerdo.

Un grupo de 20 personas, aproximadamente, en un pequeño autobús nos llegamos hasta el Valle de Mazobres, entre los dos Cardaños. La mañana era espléndida, sol rutilante y mucha nieve caída seguramente el día anterior. Eran las 11 de la mañana, un poco tarde para lo que pensábamos hacer. Un grupo reducido íbamos dispuestos a intentar subir a la cumbre del Espigüete por el corredor norte, única vía conocida por mí, hecha en verano. Llevábamos cuerda y algunos piolets, si hubieran sido necesarios crampones, que no llevábamos, nos hubiéramos dado la vuelta, pero la nieve permitía ascender con una buena huella, aquí abajo, en el valle, mas arriba ya veríamos.

Al grupo previsto inicialmente, se unirían sobre la marcha, Lauro Vicente de 62 años, gran andarín y Ernesto Diez, mucho más joven y también buen andarín. Nos acompañarían hasta el punto que considerasen máximo. Su equipo era deficiente. El del resto del grupo no era mucho mejor, lo que en esos años se llevaba. Rebasaba la Sima del Anillo la nieve acumulada era mucha. Cruzamos con cuidado los puentes que forma la nieve sobre las grietas y hoyos en el tramo hasta meternos en el Corredor. El regreso para los dos añadidos ya no era posible, y en evitación del posibles contingencias en del descenso, tuvieron que seguir con el grupo.

Ya no veríamos el sol hasta asomarnos a la línea de cumbres, 3 ó 4 horas mas tarde. Recuerdo con nitidez la bajísima temperatura que soportamos en el Corredor, ya que la abundante nieve en polvo y con la inclinación, el grupo tan numeroso avanzaba muy despacio y estábamos calados desde la Sima del Anillo. Era un verdadero congelador.

Hasta rebasar el embudo – paso estrecho y muy inclinado -, fué muy duro y comprometido por el esfuerzo en abrir huella muy profunda y por el frío. En esta vía – corredor no da el sol en invierno.

Al otro lado ya, la nieve mas consistente nos permitió una parada para reponer fuerzas, hacer unas fotos y tomar unas bolitas de vitamina y polen que llevaba Tanis Aguado y que recibía de Suiza de su hermano allí residente. Esta alimentación era precursora de los liofilizados y barritas energéticas y sustitutos de la clásica y socorrida lata de foie – gras, de las sardinas y de la leche condensada. También tomamos cosas más consistentes.

El ascenso desde aquí fue menos exigente, ya que la huella era menos profunda y se suavizaba la inclinación, además, como especial ánimo teníamos por encima de nosotros la referencia del sol que iluminaba en lo alto de la montaña, todavía muy por encima de nosotros, la línea de cumbres. Una hora más tarde alcanzábamos la cumbre principal, con la emoción contenida de haber salido de aquel agujero blanco, en que se había convertido nuestra experiencia en las últimas horas.

El sol templó nuestro cuerpo y nuestro ánimo, no así nuestros pies calados, sin ser conscientes todavía, de que habíamos alcanzado los primeros, en invierno, y por esta ruta la cumbre, seguramente porque callábamos que todavía nos faltaba descender. Comimos y nos distendimos largo rato, viendo como el sol declinaba ya rápidamente por el espinzo oeste de la montaña.

Al iniciar el descenso por la cara sur la nieve estaba en buenas condiciones; crujía la capa superior pero hacíamos buena huella, y alguno se confió en exceso hasta que un peligroso resbalón nos alerto del extremo cuidado que había que poner en al bajada, siempre mucho mas peligrosa que en la ascensión. La primera parte también es muy inclinada, y convenía salir en largos casi horizontales, aprovechando bien la huella, hasta salvar los primeros 100 metros; luego avanzaríamos más rápidos y más confiados, pues por debajo nuestro ya divisábamos, con poca luz, la horizontal del valle de Río Chico.

Ya entre dos luces alcanzábamos la cota de los 1700 metros; se acabaron las paredes inclinadas y la mucha nieve y entrábamos en un terreno de brezos y menos nieve que nos desesperaría y acabaría con nuestras ya escasas fuerzas.

Estábamos también preocupados por la larga espera a la que habíamos sometido al resto del grupo.

Avanzábamos ya de noche cerrada en dirección a Cardaño de Abajo, a campo a través, uno detrás de otro, en silencio y ensimismados en lo vivido hace unas horas, y siguiendo el camino mas recto, aunque fuera mas complicado y hacía unos puntos de luz, lejanos, que titileaban en la distancia.

Noche cerrada ya y muy cansados llegábamos a Cardaño de Abajo. Como suponíamos, el grupo nos esperaba impaciente y muy preocupados, en la casa de Pepe y Nati. Después de contar nuestras peripecias, regresamos a Palencia.

Miguel Ruiz Ausin

Participantes
Estanislao Aguado
Ernesto Diez Espina
Luis González
Julio Maíquez
Ángel Ramos Muñoz
Miguel Ruiz Ausin
Lauro Vicente

CUARENTA AÑOS DESPUÉS…

Para ser más exactos, cuarenta y un años y ocho días, han separado dos gestas montañeras emblemáticas, a una considerable distancia en el tiempo pero con idéntica meta y el mismo objetivo: “hacer cumbre en el Espigüete por la cara Norte y en invierno … ¡ casi nada!.

Dos de Febrero de 1967

Una vieja pero entrañable fotografía decora una de las paredes de la sede del Club, en la que aparecen en plena “faena” aquellos seis intrépidos alpinistas más el fotógrafo que estaba detrás del objetivo lógicamente y que era Estanislao Aguado : Miguel Ruiz Ausín, Angel Ramos, Julio Máiquez, Luis González, Ernesto Diez y Lauro Vicente, el más veterano.

Según cuentan, no pensaban atacar la cumbre sino subir hasta donde la nieve y el “equipamiento” lo permitiese, sobre todo los dos últimos componentes. Pero una vez en el “tajo” la cosa se fue animando y llegó un momento en que la retirada y el descenso no eran aconsejables, por lo que encomendándose a todos los santos – suponemos – lograron culminar la aventura, ( 2450 m.), aunque calados desde los primeros tramos, por aquellas paredes que eran un auténtico congelador, sin crampones y con unos piolets cuyo manejo debía ser un calvario. El descenso por la cara sur los condujo a Cardaño de Abajo ¡cerrada ya la noche!. En fin, una hazaña para figurar en los anales montañeros que se precien. Ellos fueron los primeros en ascender por esta vía en pleno invierno.

Ocho de Febrero de 2008

Para conmemorar aquella singular aventura cuarenta años después y añadir una actividad especial al calendario del Club, se pensó realizar, rememorar, revivir aquella fantástica experiencia, repitiendo la misma ascensión y en época invernal. Esta vez fueron veintiuno los protagonistas , con la debida programación, el equipo adecuado y las presumibles máximas garantías para acometer la empresa : ropa aislante, polainas, piolets, botas rígidas, crampones, bastones, casco, arnés …y sobre todo el consejo, la técnica, la ayuda constante, la guía, en una palabra del “Angel de la Guarda” Leo Escudero. Siguiendo sus huellas, subieron los socios Víctor Emperador, Julián Caballero, Fernando Pollos, Pelayo González, Angel Ramos (único repetidor del año 1967) y las intrépidas , las valientes Ana Mayordomo y Carmen Fuente. No pudo participar Miguel R. Ausín impedido por un proceso gripal que, si siempre es desagradable esta vez fue además inoportuno. También participaron varios miembros del grupo de “Guías de Montaña” que prepara Leo, entre los que sen encontraban otras dos mujeres así como Alfonso Abad que se encargó del filmar en vídeo la ascensión.

El día fue espléndido, la nieve propicia (dentro de su lógica dificultad) y a primera hora de la tarde consiguieron la cumbre, la meta anhelada y programada con ilusión. Tuvimos la suerte de contemplarlos en pleno esfuerzo desde una cumbre cercana, como una lejana hilera oscura en zigzag por la blanca y escarpada pendiente y comprobar su lento pero constante progreso hacia la cima, incluso comunicándonos con ellos y sabiendo de su experiencia sobre la marcha y el terreno.

Imagino que cuando llegó a la meta, Angel Ramos, nuestro Presidente, sentiría un especial sentimiento en su interior y se le pondría “de gallina” la piel del recuerdo al repetir la aventura y el éxito tantos años más tarde y daría gracias al cielo, que ahora tenía 2450 metros más cerca que de costumbre…Y es que ¡está como un chaval !

En fin, 8 de Febrero de 2008, es una fecha para recordar en el “Club Espigüete” y un motivo para decir ¡¡Enhorabuena valientes ¡!

Luís Antonio Gutiérrez